jueves, 11 de junio de 2026

cansada

-Estoy cansada de mí deseo -diji Juliana al fin- Estoy cansada de tanto parloteo.
-¿Tanto me odias?
-No es odio, simplemente -suspiró- no es lo que esperaba.
-¿Que esperabas?
-Una conversación, no solo preguntas y más preguntas, me siento en un monólogo, no sé, esto me fastidia y necesito terminarlo.
-¿Que haras conmigo?
-Volveré todo al inicio, diré las palabras mágicas y volverás a ser un gato, Pelusa, solo un simple gato.

martes, 9 de junio de 2026

el gato

me invitó a sentarme al sofá
dije que no.
me invitó a probar las delicias
que se estaban cocinando
dije que no.
me invitó a mirar la televisión
a la otra habitación
dije que no.
El gato dormía en mí regazo
y por más que quisiera
tuve que decir que no.

domingo, 7 de junio de 2026

embrujar la noche

 La puerta no hizo ningún sonido cuando la cerró. Se quedó unos minutos quieta, hasta que avanzó. Sus ojos se acostumbraban con tibieza a la falta de luz. Caminar a oscuras era algo que había aprendido de niña: cuidar los bordes de los muebles con pausa y discreción, esperando no despertar a nadie, enroscándose tímidamente en la figura de los pasillos que se abrían a su alrededor. Ahora que había escapado, sentía una enorme libertad para zambullirse en la noche y caminar hasta que no le dieran más los pies.

Recordaba su habitación cuando aún tenía un póster de su artista favorito y las paredes de color rosa pastel. Cómo, al entrar, el ambiente llevaba un olor particular. Era una mezcla de perfume juvenil y café, porque siempre dejaba una taza a medio tomar sobre el escritorio cuando estudiaba. La facultad le exigía muchas horas; leía página tras página intentando que algo entrara en su cabeza, pero no podía con tanto. Por eso salía despacio a embrujar la noche.

En algún momento dejó de llevar las llaves en el fondo de la cartera. Supuso que ahora, si mirara de vuelta, estaría llena de boletos de colectivo, chicles y tickets de compras.

-¿Te acordás de esos papelitos que nos daban? -dijo acomodándose en el asiento mientras aguardaba la llegada del bondi.

-Claro que sí, abu. Tenían impreso el precio del pasaje y la fecha. Había un pequeño festejo cuando salía el capicúa. ¡Qué nostalgia!

Pero ella no escuchó la respuesta. En su mente pensaba en que debería aún guardar alguna moneda de aquella época, como también algún encendedor metálico.

Se detuvo a revisar los bolsillos. Si tiene suerte, pensó, encuentra algo importante, como le pasó un día que miró un viejo saco de los que tenía colgados en el armario, llenos de polvo. Consideró varias veces dejar una carta ahí, para que cuando alguien la encuentre sepa más de su vida, o simplemente un mensaje bonito, como esas tarjetas que acompañaban las flores. Qué lindo era recibir rosas. No dejaba de abrir los brazos ante los regalos de cumpleaños y recordaba cómo se sentía acariciar ese mullido oso de peluche con un corazón grande entre las patitas.

Observó el paisaje que le era tan extraño y cercano a la vez. Hacía mucho que no escuchaba la melodía de la voz de los jovencitos que cuentan sus hazañas en la escuela: el que reprobó, el que pensaba en el sabor que tendría la comida del almuerzo, el que se disculpa cuando apenas roza con el zapato sus sandalias. Piensa en el perfume adolescente y en el café. Se despabila mirando la luz que atraviesa los árboles de todo el mundo, en el giro ruidoso de las ruedas que apenas parecen detenerse cada varias cuadras.

Hubiera querido aspirar el aire y que entraran en ella todos esos sentimientos que ve a su alrededor.

-Abu, levantate que ya hay que bajar.

-En la próxima parada, por favor, acérquese al cordón, que baja una señora mayor —le dijo al colectivero.

Y ese nudo en la garganta volvió a ella como un fantasma. Le costaba tanto preguntarle cómo se llamaba que le decía “abu”. Se lo apropió tan rápido como si quisiera evitar romper algún hechizo.

Desde la primera vez que habló con ella en el parque y le dijo que su rostro le parecía familiar, hasta el momento en que decidió llevarla de regreso a donde pertenecía, se tomó el colectivo con ella, caminó al lado de la señora descuidada y perdida. Quizás podría pasar por ella un día y llevarla a comer a un restaurante, pensó. Tocó el timbre del geriátrico y huyó sin mirar atrás, como temiendo ver un edificio en ruinas.

sábado, 6 de junio de 2026

café literario biblioteca aniversario

Herida Herida Herida...
¿Quien te hirió tanto para dejarte tan en pedazos?
¿Cuánto dolor guardas en tu interior?

-Bajé la guardia y me encontré.-
Me calaste tan hondo 
Que acariciaste mis miedos.
(¿Cuánto oculté para que mí sinceridad se sienta como un salto al abismo?)

Consigna:
1)Pregunta con la palabra que toca
2) respuesta posible en un libro random 
3) Responder la pregunta sin parar de escribir.

¿Quien te hirió tanto para dejarte tan en pedazos?
¿Cuánto dolor guardas en tu interior?
La brisa del otoño me inquieta
Me siento parte de esa hoja leve
Que cae sobre la vereda gris.
Si me preguntará, 
de nuevo, 
que tan doloroso 
es este desierto. 
Probablemente 
No, seguramente
De nuevo
Hablaría de ti.

¿Quien
 te hirió tanto para 
dejarte tan en pedazos?
¿Cuánto dolor guardas en tu interior?
La brisa del otoño me inquieta
Me siento parte de esa hoja leve
Que cae sobre la vereda gris.
Si me preguntará, 
de nuevo, 
que tan 
doloroso 
es este 
desierto. 
De nuevo
Hablaría de ti.

martes, 2 de junio de 2026

El vestido de Terciopelo -continuacion propia-

 La voz de desamparo de Casilda sobre el vestido de terciopelo atrajo la atención de la sirvienta que entró lentamente como esperando una sanción por ingresar sin permiso ¡Que risa!

No medio palabra alguna. Se acercó al cuerpo de Cornelia Catalpina y la observó unos segundos. Luego miró hacia la ventana, donde los vendedores ambulantes con sus voces traspasaban el aire con ecos sórdidos de naturaleza furtiva. Se desabrocho el uniforme. Desató su cabello tan enredado y prolijo y se lo acomodó en torno a los costados de su rostro con líneas rulosas y libres. Entonces se levantó y salió de la habitación, orgullosa, dejando detrás todas las puertas abiertas.

lunes, 1 de junio de 2026

manos

Que fácil parece 
Extender las yemas de los dedos
Unir un cuerpo
Con otro cuerpo
Solo poseyendo
Ese calor articulado
De cinco garras.
Cómo habita el desierto
El beso delicado en la parte posterior
De la desnudez perfumada
Por tantas veces que se echa perfume
A esa codiciosa línea divisoria
Por la promesa del amor eterno
Y entregar un anillo entre sus figuras 
Largas y puntiagudas 
Impares arquitecturas
Para demostrar en circular
Oro o plata
El amor eterno.

romiku

Toda persona
Tiene nombre o apodo
Forma tierna de llamarse o llamar
/A otro
Pero,
Cuando está solo
¿Como se llama?
¿Cómo se nombra
En la soledad
A ese yo?
¿Cuál es el destino
De ese nombre 
Si no es contarlo
Narrarlo
A viva voz?


huésped carta

Madre:
No sé si hice bien en seguir tus recomendaciones. Sé que la relación con mí esposa luego de tres años no iba bien, pero traer a un huésped lo hizo peor. Intento no darle motivos para preocuparse, le dije varias veces que es inofensivo pero aún así queja que te queja, una tras otra. Me dice que es un peligro pero yo no lo veo así. 
Madre, no sé cómo seguiran las cosas mientras salga a hacer mis negocios. Siento que debería hacer algo antes de ausentarme por 20 días del hogar y dejar a esa loca con el huésped y con mis hijos. Pero si no traígo dinero a la mesa no sería hombre. Debo tomar riendas de lo que me corresponde y luego, cuando se de la ocasión meditare lo apropiado sobre mí matrimonio y sobre el invitado de la casa que por su bien lleve.
Espero verte pronto madre,
Saludos atte.

lunes, 25 de mayo de 2026

Los atardeceres perdidos

 Mi mamá siempre me decía que todos tenemos sombra. Era chico y la escuchaba mientras amasaba tortas fritas. Los días que jugaba a la pelota en el parque con mis compañeritos del jardín, a veces me quedaba quietito, mirando como esas capas oscuras que iban desde sus zapatillas marcaban la tierra de negro. No podía ver lo mismo en mi. No importaba cuantas vueltas diera sobre el margen el sol, o que tan alto estaba el astro en el cielo: yo no me veía ninguna imagen gris atada a mis pies.

Por un tiempo creí que debía tener el mismo problema que Peter Pan. Como él que llamaba a su sombra y se peleaba para tomarla y que Wendy intentaba cosérsela. Pero, ¿Cómo se llamaría mi sombra? ¿Cómo podría nombrarla para atraerla y atarla a mi ser? Pase noches pensando en eso. Llamándola como se me ocurriera en la calle, mientras mis compañeros se reían de mi. Hasta que en algún momento simplemente lo olvidé. 

Los años hacen escombros de los atardeceres perdidos y yo crecí olvidando el miedo a madurar. Dejando atrás mis sueños bajo el cielo azul. ¿Desde cuando es importante tener sombra? me preguntaba, hasta que dejé de hacerlo.

Me recibí, formé una familia, acuné un bebé y sostuve un trabajo excepcional. Fabrique estructuras solidas y arquitecturas brillantes sobre el cemento. Mi nombre titulo los mas grandes edificios centrales. 

Pasaron los años y los edificios siguieron en pie. Mi mujer se fue cansando de hablarle a un hombre que respondía con planos y presupuestos. Mis hijos crecieron y dejaron de llamarme. Decían que siempre estaba en otro lado, aunque estuviera sentado frente a ellos

El día que falleció mi mamá me sentí envejecido. Estaba en el baño listo para el día laboral. Me puse mi traje y me mire al espejo pero no era yo quien se encontraba dibujado en el reflejo. Por mas que me observara una y otra vez, mi silueta era gris, como una sombra. Pero ya me preocupaban otras cosas: que la rodilla no me crujiera al bajar las escaleras, que los nombres no se me fueran de la cabeza, que el sol de mediodía me cansara más rápido que antes. 

Volví al parque una última vez. Estaba igual que antes, pero más chico. O yo más grande. El columpio chirriaba vacío. Me senté en el banco y esperé que el sol se pusiera para ver si, por fin, aparecía algo en el piso.

Al fin la vi, era una mancha oscura y delgada como mis frágiles huesos. Me refregué los ojos para verla mejor y ahí estaba. Esperándome. Pensé en que si pudiera, la abrazaría. Pensé en todo lo que fui y en todo lo que no me dedique a buscar en mi. En cuando era aquel chico que corría detrás de la pelota, o aquel joven que se creía eterno; y hoy que soy un hombre grande que aprendió tarde que no se necesita ver la sombra para saber que la trae puesta. 

Ahora, que ya es tarde, entiendo a mi mamá. Todos tenemos sombra. Solo que algunas, con los años, dejan de proyectarse afuera y empiezan a vivir dentro. Y es cierto, no se van nunca.

martes, 19 de mayo de 2026

Distancias

 

El entorno aburrido y rutinario hacia que no pudiera dejar de mirarla. Ella estaba acostumbrada a mi, pero para alguien como yo, me generaba mucha curiosidad.

Primero la ropa. No presenciaba generalmente a mis pies seres con un enigmatico y atado sistema color blanco sobre un vestido celeste. Despues porque me gustaba ver ventilando las telas brillosas y perceptiblemente suaves que dejaba sobre un objeto largo y duro color apagado. A veces se sentaba en un mullido y viejo verdoso mueble.

Nunca ocupaba la vista en mi, pero si al horizonte y a los otros que me acompañan en este lugar.

Quisiera aprender mas de su vocablo, de sus movimientos. La idea de frexionar los brazos, levantarlos y bajarlos. Cantar, como ella. Silbar. Entender que ese humo que sale del agua marronada.

Daria el alma para estar ahí dentro. Pero se que no somos lo mismo, y escucho a los niños humanos llamarme una y otra vez, señor jirafa.


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El entorno aburrido y rutinario hacía que no pudiera apartar la mirada de ella. Estaba acostumbrada a mí, pero para alguien como yo, su presencia despertaba una curiosidad irresistible. Primero, su ropa. Casi nunca veía, a mis pies, seres con ese enigmático sistema blanco atado sobre un vestido celeste. Luego estaba la forma en que agitaba las telas brillantes y suaves que dejaba sobre el objeto largo y duro de color apagado. A veces se sentaba en el mullido y viejo mueble verdoso. Nunca posaba sus ojos en mí. Su mirada siempre se perdía en el horizonte o en los otros que me acompañaban en este encierro. Quisiera aprender su lenguaje, imitar sus movimientos: flexionar los brazos, levantarlos y bajarlos como ella. Cantar. Silbar. Entender qué es ese humo que sale del agua amarronada que sostiene entre las manos. Daría el alma por estar ahí dentro, del otro lado de los barrotes. Pero sé que no somos lo mismo. Y cada día escucho a los niños humanos llamarme una y otra vez: "Señor Jirafa".

miércoles, 13 de mayo de 2026

perfecto

gritos. me tape la cabeza y como pude me escondí. ¿quien será el loco con el arma en un evento así? no sé daba este tipo de festejaciones en mí localidad. sonaba raro incluso cuando salió la noticia en los periódicos online.
teníamos una celebridad viviendo cerca y no lo sabía. era obvio que no me perdería un momento así para conocerlo. pedir una entrevista y escribir de el.
pero acá estoy, atemorizada por mí vida.
no entendía nada hasta que el alcalde alzó la escopeta lo más alto que sus brazos pudo dar y sentenció:
-acá nadie será el hombre 100% perfecto. No me importa que sea el único en el mundo. levanten las copas y celebren conmigo, venci lo que podría ser un monstruo para la humanidad.


domingo, 10 de mayo de 2026

sepia

Me saludó desde detras del vidrio de la ducha, la veia difuminada por el vapor caliente de las gotas pintadas con olor a jabon. Era vieja y arrugada. Triste. O esa sensacion me daba, una extraña tristeza melancolica.
Podria retratarla como una fotografia sepia, porque mi memoria no guarda recuerdo a color de esa situacion. En cambio puedo narrar otros espacios de la casa.
Como, al ingresar, junto a la puerta estaba el telefono en una mesa ratona con mantel de flores amarillas. Frente al televisor, la mesa llena de souvenirs y figuras semejantes a lechuzas o buhos. La mesa espaciosa de mantel verde donde el centro lo ocupaba un viejo florero azul.
El pasillo largo, las habitaciones modestas con sus prolijas camas.
Mi abuela fallecio en una de esas tantas habitaciones y camas, un dia se acosto pensando en descansar antes de salir a la noche para mi fiesta de 15 y se quedo ahi.
No lo supimos al instante, la demora del remis que se supone que la buscaria, creimos que fue un problema de la agencia que no envio el coche. Nunca era buen momento para dejar todo y buscarla, por el baile, el karaoke, el brindis, el video.
En retrospectiva, tengo una angustia barbara. Siento que la abandone, que la abandonamos como otras varias veces.
Nos encontramos el cuerpo al otro dia, de tarde, despues de insultarla por faltar a mi dia tan importante y despues de que la resaca no dolia tanto.
Estaba mirando hacia el techo. Con los brazos frios a los costados y las manos unidas en plegaria. Habia dejado el vestido a su lado, con el suficiente espacio para que no se arrugue. El sombrero de tul para ocultar su alopecia, y el saco que le regale en su cumpleaños numero 86.
Corri hacia el baño para lavarme el rostro. Necesitaba un baldazo de agua fria que me lleve a otra realidad. A una donde esperó el coche hasta que se cansó y se acostó. A uno donde la despertaba y me sonreia y me decia pequeña mia feliz quince.
En el espejo podia observar los brillitos que caian de mi cabello castaño. Los ojos pesados de angustia y el rimel negro que no se termino de salir a pesar del desmaquillante. El anillo que me obsequio ella dias antes de partir. En ese instante la vi, su mano, su tristeza. Me acerque, queria abrazarla. Pero no habia nadie.


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Cuando entré desesperada al baño, me pareció ver a alguien saludándome desde detrás del vidrio de la ducha. La veía difuminada por el vapor caliente, entre las gotas que olían a jabón. Estaba vieja y arrugada. Triste. O al menos esa fue la sensación que me transmitió: una tristeza melancólica.

Podría retratarla como una fotografía sepia, porque mi memoria no guarda ese instante en color. En cambio, puedo describir con claridad otros rincones de la casa.

Al entrar, junto a la puerta, estaba el teléfono sobre una mesa ratona cubierta con un mantel de flores amarillas. Frente al televisor, otra mesa repleta de souvenirs y figuras de lechuzas y búhos. Más allá, la mesa grande, con mantel verde, donde un viejo florero azul ocupaba el centro.

El pasillo largo. Las habitaciones modestas con sus camas prolijas.

Mi abuela falleció en una de esas habitaciones. Ese día se acostó pensando en descansar un rato antes de salir para mi fiesta de quince, y ahí se quedó.

No lo supimos al instante. Creímos que era un problema de la agencia, que no había enviado el coche. Nunca parecía buen momento para dejar todo e ir a buscarla: el baile, el karaoke, el brindis, el video.

En retrospectiva, siento una angustia enorme. Siento que la abandoné, que la abandonamos, como tantas otras veces.

Encontramos su cuerpo al día siguiente por la tarde, después de haberla insultado por faltar a mi fiesta y de que la resaca ya no doliera tanto.

Estaba mirando hacia el techo, con los brazos fríos a los costados y las manos unidas en plegaria. Había dejado el vestido cuidadosamente a su lado, con suficiente espacio para que no se arrugara. Junto a él, el sombrero de tul que usaba para ocultar su alopecia y el saco que le regalé en su cumpleaños número 86.

Corrí al baño para lavarme la cara. Necesitaba un golpe de agua fría que me llevara a otra realidad: una donde ella había esperado el coche hasta cansarse y luego se había acostado; una donde yo la despertaba, ella me sonreía y me decía: Pequeña mía, feliz quince.

En el espejo podía ver los brillitos que aún caían de mi cabello castaño, los ojos hinchados de angustia y el rímel negro que no terminaba de correrse. En mi dedo, el anillo que ella me había obsequiado días antes de partir.

En ese instante la vi de nuevo: su mano, su tristeza. Me acerqué. Quería abrazarla.  
Pero no había nadie.

domingo, 3 de mayo de 2026

instinto

Mi mujer se dedicó mucho tiempo en criar a nuestro hijo, por eso le insistí en que tomara algunos proyectos, o algún taller. Un entretiempo mientras el niño se adecuaba al jardín de infantes.
Comenzó en un club de lectura, pero se aburrió rápido de la novela que le enviaron para leer. Paso por otro de escritura creativa, y no le gustaba tener consignas, suficiente con las tareas de la casa decía.
Una vecina fue que le aconsejo uno de Observación de aves, un día cuando tomaban el café en el patio de nuestra vivienda. Mi mujer estaba siguiendo con la vista un gorrión que juntaba ramitas para hacer un nido.
Volvió contenta el primer día y apunto alto desde ese instante. Compro un largavista, una guía y leyó por largas horas sobre la familia de palomas y de aves rapaces.
Me gustaba verla hablar sobre excursiones y parecía todo normal. 
Fue una mañana que se levantó más temprano que lo normal, dijo que la despertó el canto de los gorriones del jardín. Estaba en bata y miraba a través del vidrio a los animalitos buscando alimento.
De repente abrió la puerta de vidrio que nos separaba del jardín. Como si una urgencia hubiera atravesado sus pensamientos. Un instinto primitivo surgió esa mañana en ella. Corrió hasta el gorrión, un sonido nuevo salió de su voz. Abrió la boca y con sus dientes lo tomo en pleno vuelo. No pudo huir ni el ave ni yo del horror.

viernes, 1 de mayo de 2026

Bespoke

 Pensé en mi abuela. No porque en este preciso momento me estén haciendo un traje a medida. Ella no era modista ni se dedicaba a nada similar. Fue un segundo que cruzo su voz en mi mente. Quizás porque me imagino que si estuviera aquí, estaría orgullosa de verme hoy. Me encantaría poder contarle que el presidente de la compañía en la que trabajo me envió a este lugar, dijo que él pagaría todo. Que debo verme bien en la próxima reunión, que me daría un jugoso aumento y me haría vicepresidente.

No, no es eso. Mientras el costurero me pregunta sobre mis preferencias de color, algo más me inunda el pensamiento. Estoy encajado en esa ficha de mis preocupaciones a la vez que el sastre busca evaluar mi postura, la simetría de mis hombros. No sé por qué se me meten ideas de mi niñez; es que algo me inquieta en la superficie, como si me desgarrara un déjà vu, con el sastre intentando convencerme sobre los ojales funcionales.

De la nada, revivo pesadillas como si viera una película en blanco y negro. Veo a mi abuela remendando los pantalones que usaba para ir a la escuela. Nunca dejes que te cosan la ropa directamente sobre tu cuerpo, decía una y otra vez. Estas llamando a la muerte si no tienes un talismán, explicaba, un hilo en la boca siempre, niño mío.

Vuelvo a la realidad al escuchar al sastre que llega con el traje testigo y me lo pongo. Me observo en el espejo con lo que seria el esquema vivo del traje que llevaré. Noto mi sudor cayendo por la frente. Acomodo la garganta pero mi voz no sale, como si tuviera la boca cosida al momento de querer gritar. Miro hacia todos lados. No veo al señor, no veo hilo del cual aferrarme. Solo dame un tiempo mas, Dios, te lo pido, rezo. Pero ya es tarde, siento la aguja en mi espalda atravesando la tela una y otra vez.

viernes, 20 de marzo de 2026

cómo soñar a un hombre

 Estos pasos, junto a los consejos, le permitiran cumplir con esa labor sin inconvenientes. Tenga en cuenta que si se equivoca o saltea algún paso, siempre puede volver hacia atrás, en tanto no le de aun las ultimas configuraciones técnicas y álmicas.

Por ejemplo si piensa en su boca, como fauces monstruosas, ocurrirá que no quiera besarlo. En cambio si imagina unos labios suaves, pulposos, que saben hablar de amor, se encontrará en una situación distinta.

Sepa que es imposible, o casi, imaginarlo desnudo por lo que la primera indicación para este método es que visite mercados de ropa y piense como se visten en su entorno. Como la ropa da carácter, por ejemplo el mas conocido cuello tortuga de un aspirante filosófico o la bata de un medico. No es necesario echarle varios días a esta consigna porque, como mencione, lo verá vestido.

Lo siguiente es poblar ese bien estructurado cuerpo. Si quiere que sus manos sean finas y sepan distinguir con las yemas de sus dedos unas caricias dulces, o un hombre de manos duras de tanto labrar la tierra.

La parte intelectual le puede tomar un par de días más, sepa que es normal no decidirse, si por un hombre estructurado y fanático de las ciencias, o por uno que desea pasar el día viendo películas. Por el hombre que mire al cielo y derrame una lagrima o el que escuche las aves y comente sobre su estructura esquelética.

Si lo piensa demasiado puede ocasionar que su hombre sea excesivamente detallista o  mientras observa la luna que le guste reflexionar en silencio sobre su nula vida anterior. Porque como buen ente creado mediante un sueño, no tiene pasado y poco podría pensar del futuro. Tenga mucha precaución de cómo surge la conversación cuando llegue a este paso, podría él odiarla, desear no haber sido soñado y lastimar sus sentimientos o escaparse.

Si usted ya tiene un hombre, esposo o novio en su casa, que puede estar soñando en ese preciso instante con una mujer, su ser soñado irse enamorado de ella. Por ello, este manual anticipa que no se hace cargo de situaciones de divorcio o problemas similares al despertar.

miércoles, 4 de marzo de 2026

adagio

Pase los últimos años de mí suegra
Disfrutando musica clásica 
Sin saber 
Si a ella o a mí 
Nos gustaba.

Pase las noches
De un día a la semana 
Viéndola enamorarse
De aquella vieja melodía 
Cómo si aún la recordará.

viernes, 27 de febrero de 2026

El mundo

Mi mamá tuvo cancer
Y el mundo siguió girando
Mi suegra tuvo un ACV
Y el mundo siguió girando
Siento que debe haber
 algo poetico
 en esto
Pero hoy
 solo por hoy
Quiero llorar.

cocinando

Me preparo para cortar la cebolla
El aceite justo en la olla caliente
Junto al olor frio del agua 
Bajando lentamente
Sobre los platos vacios.
El tramontina en mi mano 
Me invita a soltar una sonrisa
Me reflejo en su forma austera
En su vejez
En sus ganas de olvidar que es cuchillo
Y desear partirse el mango en dos.