Era tan facil perderse entre tantas escaleras que llevaban a los confines de alguna habitacion de familia. Entre los aparatosos y perfilados edificios que echaban un humo gris y firuleteado.
Marcos era un hombre sencillo. Vivia solo, y estaba enamorado de su vecina. Si es que se podria llamar a aquel lugar un vecindario. O incluso conocerse suena extraño. En ese distante espacio y altura, solo se pueden ver a la distancia las aberturas oscuras donde piensa que vive su entorno.
Sin contar las veces que se cruza con alguien por las escaleras, o los ve como hormigas cruzando alguno de los recorridos largos de ladrillos que se pierden en laberintos, pero mas que nada los encuentra en el supermercado. Aquel que se ve prolijo en el centro de la manzana, tan chico que no podria salir en una foto y tan oculto entre los grandes obeliscos de colores opacos pero coloridos.Lastimosamente debe ir Marcos, cada mañana porque tiene la obligacion de ir para poder comer y tambien para trabajar.
Sale a eso de las 7 de la mañana, y el no lo sabe, pero tambien es condicion de porque no ve un alma a esa hora. Silba una cancion que no sabe si es de su infancia o si la escucho por ahi alguna vez, y entre respiros, come una porcion de pan que le sobro de la cena. Despues es moverse entre las gondolas, y las mirá con esa similitud que tiene con los edificios, y finalmente acomoda como puede cada producto y ya con una sonrisa añeja, abre las puertas para que los clientes puedan empezar su rutina. No trabaja solo, pero como se hace el responsable de tantas cosas que nadie le pidio ni que estaba en su contrato, se extiende como si fuera el unico dentro y se mueve de lado a lado como si fuera el dueño.
Podria haber sido un dia como cualquier otro para Marcos si no hubiera escuchado el relinchar de un caballo. Uno que conocia bastante bien, mas que nada a su dueño. Un viejo hombre ingles que a pesar del paso del tiempo se seguia vistiendo de antaño. Llevaba un sombrero negro y brillante, un saco gris largo, y lo que más le molestaba a Marcos: una extraña sonrisa. Para él nada lo estorbaba mas que tener que actuar como alguien de la epoca del "Gran Tour" y detenerse en la puerta del supermercado para que el hombre monte en su caballo un par de kilos de harina. Si Cervantes lo hubiera conocido, no habria escrito el Quijote, decia Marcos y se reia solo de el que creia el gran chiste. El hombre de nariz larguilucha y acento inventado se aproximaba y a él no le quedaba otra que atenderlo. Irse al baño o escapar por la puerta de atras hubiera sido una buena opcion si Marcos se hubiera detenido a mirar el calendario donde el jefe ya habia remarcado, como otros meses, cuando seria el dia que el caballero llegaria a la ciudad. Pero Marcos creyendose dueño, se salteaba esas nimiedades y por eso se condeno ese dia a atenderlo.
Marcos salio a la puerta cargando la harina y espero meditando en que le diria y como evitar una discusion. Sacarlo del papel era imposible, ya estaba mas que comprobado. Probablemente incluso iba hasta ese supermercado porque era el unico que le seguia el juego.
-Disculpe señor. Dijo el caballero. Vengo desde mis tierras tan lejanas y bellas a buscar a una diosa guerrera y mientras que aun no la vea, si me dedica una venta, necesito harina de la gruesa y me ire siguiendo el alba de la carretera.
Marcos no tenia ganas de responderle en rima, pero no tenia otra opcion si queria que el caballero se marchara.
-Aqui tiene su harina, si quiere tirela hacia arriba o pongala donde no le da el sol.
El caballero tomo el saco, lanzo unas monedas y al fin se marcho. (Marcos le costo unas horas evitar pensar en rima.)
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