Necesitaba zambullirme en la pileta. Al menos una vez mas. Sentir que el sudor bajaba por mi frente, mis brazos enrojecidos y una sed doliente en los labios. Como si hubiera estado en uno de esos saunas las suficientes horas para olvidar que era el día y la noche. Envuelta en un olor seco, árido, desolado y caliente.
No había otra forma de escapar de esa sensación hueca que el agua rodeando mi cuerpo. Apoyaba mis manos sobre mi cabeza para medir la temperatura temiendo la deshidratación. Decí que me lleve gorra, pero no era suficiente. Así que la removía cada tanto para abanicarme un poco y la volvía a sujetar con la visera tapándome los ojos.
Daba vuelta en circulos, pensando en si las nubes se han perdido en alguna parte del cielo o si alguien nos quería condenar a pasar un noviembre aferrados al aire acondicionado o al ventilador. Pero en mi casa llevaba horas sin servicio eléctrico y solo quedaba mirar por el patio el hoyo vacío con la esperanza que no se corte el agua y se llene, al menos para lanzarme a la noche cuando se templa la superficie y disfrutar poder admirar el cielo sin enceguecerme.
En malla y sobre una toalla no puedo hacer mas que esperar. Tendría que haber ido con mis padres al almuerzo en la casa de mis abuelos, aceptar que me llamen gorda, sonreír lo suficiente para no mostrarme dolida, porque allá seguro no hay cortes, no existe el calor cuando se tiene propiedades caras en el centro de la ciudad. No quiero ser como ellos. Prefiero mirar la línea de hormigas amontonándose para entrar por la ventana donde la heladera libera un olor amargo.
A mis 15 años me regalaron la pileta y mientras la construida me comía el verso de escuchar que necesito ejercicio, que no puedo seguir así, que por la salud y más. Y yo se porque me quede, sé que si en los próximos minutos el agua no sube y se queda ahí rezagada en esos pocos centímetros, me lanzaré igual y dejare que el impacto me mate.
----------------------------------------------------------------------------------------------
Y ahora, mirando esos pocos centímetros de agua sucia que no suben, siento que el calor me está comiendo por dentro. Si no se llena, igual me voy a tirar. De cabeza. Con toda la fuerza que me queda. Porque ya no soporto más esta piel, este cuerpo, este silencio. Porque prefiero que el impacto me parta el pecho antes que seguir esperando que alguien, alguna vez, me mire sin querer arreglarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario