martes, 30 de agosto de 2022

carta

Querida Sofia:

¿Cómo te lleva la vida? Leo tu nombre y recuerdo a tu abuela, Sofia. De radiante sonrisa y ojos verdes. Me pregunto si obtendrás los mismos ojitos. Tenes la misma pequeña nariz que ella.

Mientras escucho música clásica pienso en ti, que no habría mejor nombre para darte, que el cariño inmenso que te espera es enorme y que cuando traspasen este mensaje por mi barriga sabrás cuanto te quiere tu mamá en estos meses que faltan para que nos conozcamos en persona.

Te quiere tu mamá

domingo, 28 de agosto de 2022

Tinta

Creo que fui del último grupo escolar que en primer grado se enseñaba a escribir con pluma estilográfica. Ese aparatito mitad birome, mitad demonio que funcionaba a base de un plumín filoso, y un cuerpo dónde se debía ubicar una especie de pila cilíndrica llena de tinta.
El cartucho de tinta estaba siempre cerrado mediante una pequeña bolilla plástica que se debía remover para usar la lapicera, o para iniciar una catástrofe.
Muchas veces volvía a casa con el bolsillo del guardapolvo azul por culpa de la tinta que correteaba libremente y siempre una nueva protesta de mi madre por juguetear con el sistema, por no guardarlo en la mochila o por alguna otra razón.
Así fue que un día se me ocurrió usar el bolsillo del pantalón. Si, justo ese que tenía un agujerito y que por casualidades de la vida, el envase de tinta cayó a mi media, y de mi media a mi pie.
Cuando llegue a casa y removí la media que pasó de blanca a azul, mi pie parecía salido de un capítulo de "Los Pitufos". 
Para evitar alguna discusión, le dije a mi mamá que me había golpeado, que me había salido sangre y que resultó que mi sangre era azul. Tristemente no me creyó, pero para mí era tan posible como real y al bañarme en el agua azulada pensaba en que escribía historias chiquitas, minúsculas y que alguien algún día las encontraría en una nube o escurriéndose en el agua de su bañera, y las disfrutaría.

martes, 23 de agosto de 2022

dialogo

- humana, tráeme comida.
- no sabía que podías hablar, ¿Por qué no dijiste nada antes?
- No sé, no sé me ocurrió.
¿Y por qué ahora sí?
- Porque quiero comida: quiero un paté atlántico o patagónico, un suflé a las finas hierbas o un jamón ibérico y no eso que me das sin gusto a nada.
- Yo te doy jamón y no te gusta.
- No, no me gusta, pero quiero, que es otra cosa.
-¿Y qué quieres entonces?
- No sé, me iré a dormir…
- ¿Así sin más? ¿Sin explicación?
- Miau.

ciencia ficción

A pesar que ma nave espacial se abrió ante mí, no podía creerlo. El ser que bajo era demasiado familiar.
Su torso color marrón y blanco como el café con leche que tome esa mañana gris.
Unas orejas puntiagudas, unos ojos amarillos que me observaban a mi y a todas las personas que esperaban ese ansiado momento.
Una estatura corta, tan corta, que bajaba lentamente las escaleras. Unos bigotes, si, tenía bigotes como hilos de guitarras blancos y negros.
Y cuando se acercó a mí con su alta cola vibrante me dijo una palabra inentendible: miau.
Mí cuerpo se encoge
Mí voz se ahoga,
La luz encendida,
Me impide soñar.

Mí cabeza desborda,
Ideas desmedidas, 
El sol en la lejanía,
Me impide soñar.

A lo alto de la nube
Mí pensamiento se inclina
Sin razón otra
Que intentar volar.

Ya no quedan fantasías
Tampoco melodías
La muerte se avecina
No cantare jamás.

relato

Me despierto y es de madrugada. Los borrachos gritan fuera de casa y mí gato insiste en entrar a la habitación rasguñando la puerta.
Mí mente confunde ambas situaciones y, mientras mí cuerpo insiste en ir al baño, el borracho quiere entrar en mí cuarto, el gato maulla desde afuera de casa.
El gato borracho logra alcanzar la manija y abre. El calor de sus pelos inunda mí cuerpo. Me doy la vuelta y me vuelvo a dormir.