martes, 17 de diciembre de 2024

Kai corrección

Otra mañana, 
otro medio día...
mis ojos buscando tu silueta
como un lobo a la luna pura,
por su belleza,
Y que, entre sombras,
está escondida.

Necesito tu meliflua voz
que me salve del silencio oscuro y profundo,
cuál Eurídice, la luz en el Inframundo...

Busco tu tacto 
como las flores al sol, 
el décimo paso..

estamos a Salvo, mi vida,
somos ese libro escribiendose 
entre historias perdidas, 
Oculto en la biblioteca en llamas, 
en un recuerdo escondido. 
Un libro lleno de capítulos
Que dicen, "fueron felices",
pero sin un final.

viernes, 13 de diciembre de 2024

Graciela correa, amiga

Graciela tiene dos superpoderes. Sabe detener el tiempo y sabe contar chismes. Quizás más lo segundo que lo primero y es que narrando la historia de la pobre Carmen y todo lo que le falta saber como protagonista, no tiene idea del lío que se le armará, y todo por silenciar un pensamiento amenazante. 
Graciela lo cuenta o podría contarlo, como vecina del barrio, chusma. Porque su narrativa va de eso, y de la parsimonia que pueden tener sus personajes ante la vida. Realista ante todo. Graciela, a diferencia mía, sabe que las historias se deben de sentir vividas. Que las emociones afloran en todos, y por eso quiso que no lloviera el día que Juan Pablo iría a una quinta con su padre. Los diálogos son pocos, pero justos. El escenario familiar está a la orden del día. 
Será que en un viaje a casa, deja la tercera persona para que la naturaleza del pequeño patio sea indiscutiblemente autobiográfica. Lo digo porque conocí su casa, pero me hubiera gustado también conocerla con sus 10 años.
 Tambaleo más con "la respuesta" porque no soy fan de los santos. A penas vi algunas veces en televisión lo que es una caminata a Lujan. Pero era tal cual, la búsqueda que lleva a muchos a patear sin cesar para encontrarse con un ser superior que los llene. Graciela no necesita eso. Ella solo con su personalidad brilla entre la multitud. Por suerte no se extiende al hablar con esas frases largas como en sus relatos. Tampoco se vive de comparaciones, aunque en algunas de sus historias utiliza metáforas que inspiran. Mi favorita es: "Llora como un diluvio largamente aprisionado en las fauces del universo." y para cerrar, debo acotar que Don Rodríguez, al igual que Graciela, detuvo el tiempo, tomo el pan bajo el brazo y siguió una vida feliz con su primer nieto.


martes, 15 de octubre de 2024

Laberinto by Max

Atrapados estamos. siendo una bestia o un tauro.
Apoteosis es como empezó este infierno.
Entre nosotros conseguiremos su asta y será nuestra bandera.
Que nuestra atalaya la tenga como trofeo.
Pero solo si llegamos escapar 
muro tras muro.
Hay que chequear, hay que escapar
De una manera u otra.
Escaparemos jóvenes o viejos.
Pedrusco semi inquebrantable, 
Paredes fortuitas,
¿Será un enredo o una trampa?
¿Que habremos hecho?
¿Habrá una fuga o siquiera entrada?
No importa, acá permaneceremos.

sábado, 28 de septiembre de 2024

ravioles

Hay cosas que si las pensas una vez, no dejan de sucederte. En mí caso fue ver al gato atento con los pájaros del jardín cantando su melodia.
A partir de ahí, me quedé con la idea de cómo sería si por ejemplo unos ravioles me cantarán. Digo ravioles como puede ser cualquier otra pasta, carne, verduras, frutas, no sé. Lo que se come.
Y justo me vino a pasar un martes. pero no cualquier martes, sino el "martes" donde tengo que ir a conocer a la familia de mí novia. y no es cualquier familia, sino una muy complicada. ya estaba mentalizado que la iba a cagar.
primero por andar paveando media hora antes de salir y segundo porque soy yo.
Empecé informal, para sacarme los nervios. Le dije papá a mí suegro. La cara de mí novia, igual a la de toda mujer que pasa por alguien como yo. Fue exactamente esa que imaginas.
Lo siguiente fue sentarme en la mesa y requerir de mí chica cualquier objeto que estaba cerca pero me daba vergüenza tomar por mis manos.
Mí suegra ocupada en la cocina, mí sudor de pies a cabeza. Apenas podía oír la conversación sobre como algunos peces como los pez rayas bebés lucían tan similares en color y forma a los ravioles.
No quería pensar en pájaros y ravioles. Menos peces y ravioles. Y mucho menos en que sonido harían los pájaros, los peces y los ravioles para un gato doméstico.
Mí novia insistía que estaba ante una prueba, no sé cuál, que tenga precaución. Por momentos de que se quería ir.
Y llegaron los famosos ravioles. Eran un poco más chicos, un poco menos blancos. No sabía cómo evitar escuchar ese canto leve, ese suspiro melodioso de ave en el plato frente a mí.
Tomé fuerza. Apreté el tenedor para que silenciara ese ser y lo comí.
Su sabor era distinto, algún relleno de atún o similar. Medio aguado. Muy aguado. Me termine el plato frente a un extraño asombro de mis suegros y mí novia. Una sobre exaltación que resultó en mí suegro abrazándome, llamándome hijo y aceptandome como miembro en la familia.
Pero al mes o dos, pensé en como se sentirá meter los cuernos y estoy soltero de vuelta. Así soy yo.

divorcio

Nunca espere estar así, juntando cajas, despoblando un hogar.
Ya no quedaban más muebles que una vieja y tambaleante mesa con cuatro sillas, las necesarias para la ultima reunión. 
Vos, yo y los abogados. No había un nosotros, no había razones para cruzar miradas, pondriamos la casa de nuestros sueños a la venta. Dividiriamos las partes.
El sofa que nunca quisiste para mí. El radioreloj que odie con su melodia noventera para vos.
No tuvimos tiempo para tener. No, no teniamos futuro juntos, como para encima castigar la vida de un otro. Un infante redondo y tierno. Que me llamé mamá, que me enseñe, nos enseñe a llantos a no discutir con violencia. Porque la mesa tambalea desde el día que enfrentó tu puño y mí silencio.
Pero aún así. Estamos. Otra vez, frente a frente, lágrimas y más lágrimas.
Fue cuando un lamento vibro en el suelo, como el ronroneo de un gato.
Una melodía familiar, de un cantante fallecido que me rememoraba tantas cosas. Todos quedamos atentos porque rebotaba en las paredes. El sonido era dentro de la casa, pero no quedaba equipo de música ni salía de ningún celular.
Qué otra cosa, puedo hacer, si no olvido, moriré y otro crimen quedará sin resolver. Lo susurré a medida que sonaba.
Era la casa que también se le rompía el sueño de ser hogar. Era una despedida, no, era un anhelo de olvidarnos también. De poder vivir feliz con la familia que la compré. Era o éramos parte del crimen. Y a nosotros nos quedaría, por siempre nos quedaría, un adios sin resolver.

viernes, 6 de septiembre de 2024

perfect days hilo

La historia sigue la estructura "Kishōtenketsu", una narrativa en cuatro actos que proviene de China y Japón.

Ki (introducción)
Shō (desarrollo)
Ten (giro, un elemento nuevo, una especie de caos en un mundo ordenado)
Ketsu (armonización)

Lo interesante de esta estructura es que la historia se construye a partir de la armonía, de la contemplación del universo, de entender cómo es y aceptarlo. En contraste, la narrativa occidental suele centrarse en los conflictos y en una pregunta dramática que debe ser resuelta.
Por eso, es tan común que en las películas del cine asiático se perciba que no "pasa nada". La estructura Kishōtenketsu se basa en aceptar el universo en su belleza, en contemplarlo y disfrutarlo tal como es, en lugar de desear que fuera diferente.

https://x.com/Jiajieyy/status/1832024231309082659?t=126M5l4QFMgokIxdtSdCag&s=19

martes, 13 de agosto de 2024

Pasos para casarse

Primero, y antes que nada, búsquese un hombre corpulento, o no tanto. Rico, o no tanto. Amoroso, eso sí. Cariñoso. En lo posible, valiente.

Segundo, salga con él. Haga citas. Desde un cine hasta el supermercado a hacer las compras. Conózcalo. Sepa su color favorito, qué música escucha. Si pierde el tiempo una vez al mes viendo el amanecer, si lloro de pequeño, si comía galletitas caseras.

Déjese conocer también, dese un tiempo. Para que aparezca esa sensación que le impida estar sola. Que lo extrañe. Que se despierte de madrugada pensando en su boca.

Entonces sí, llegamos al tercer paso. Cásese. De blanco si quiere. Busque una buena iglesia, un buen cura o pase directo por el civil.

Una fiesta enorme que invite a todo el pueblo, o una diminuta que solo estén los testigos, los padres y algún que otro metiche.

Le espera largos años de convivencia, alguna que otra pelea, y los hijos.

Recuerde y manténgase en sintonía, que si algo o todo falla, el próximo viernes daremos "pasos para divorciarse" a la misma hora, y en el mismo canal.


domingo, 28 de abril de 2024

Museo

 ¿Cómo podría decirle que no? Pobre de mi vecina, que su marido desapareciera así, sin decir nada. Lamentable la verdad. Novio mejor dicho, o no sé, creo que casados no estaban. Hacían buena pareja, eso sí.

Había pasado un mes o dos y tenía que llamar a la policía, no quedaba otra. Fue por eso que se apareció sin más en mi puerta con una caja. Me dijo que contenía dentro eso. No sé cómo decirlo. Juguetes. Pero no los normales. Perdón, me pone terrible hablar de esto. Me entenderás, esos para avivar la pareja, que se usa en la cama. No puedo, me da vergüenza. Eso debe haber sentido mi vecina, por eso me los trajo y me pidió que se los guarde, porque los detectives mirarían todo y una caja así bajo la cama, quiero creer que lo ocultaban ahí, sería muy mal visto.

Tampoco iba a cuestionarle mucho, la entendí al momento y solo le pregunté tímidamente como estaba en un momento tan difícil. Jesús parecía un hombre responsable. Divorciado y jubilado, no dejaba de ver a sus hijos. Siempre me pareció buena persona, incluso un caballero.

Me cuesta mucho contar todo, disculpe. Me entrego la caja marrón, sí, de cartón, la común. No me anime ni se me ocurrió abrirla. Me dijo ella que tenía bolas chinas y, sí, creo que me expreso un poco de que era lo que había dentro para que no me extrañe. Yo solo esperaba que este todo limpio, Dios quiera que no me esté dando algo con marcado tacto y que… Oliera. Pero no sentí nada en ese momento y lo guardé como correspondía en una habitación al fondo de casa, donde tengo varias cosas de mudanzas anteriores esperando moverse. Por eso la olvidé, y pasaron los meses.

La caja empezó a destilar un hedor que de a poco se pasaba por la pared hasta otros espacios. Intente no prestarle demasiada atención. La casa es vieja. Ya un par de veces habré encontrado una rata muerta. El gato juega, se aburre o la mata y queda en algún lado de la casa, el mismo la cubre o la entierra. No es algo lindo de ver, pero te acostumbras. 

En un momento se hizo insoportable el aroma y ya había dado vuelta la casa intentando encontrar de donde provenía. Todo indicaba que era el cuarto más alejado. Me pregunté mientras introducía la llave en  la puerta si entre los viejos adornos y los libros podría existir algo que pudiera pudrirse y me encontré con la caja, ya llevaba casi unos 6 meses aquí y fue que decidí acercarme. Sí, el olor provenía de ahí dentro. Fui a la cocina, tomé los guantes naranjas, junte valor y la abrí.

No había juguetes, sentí un pequeño alivio. No había nada que pareciera ilegal. Solo papel de regalo azul intentando ocultar un objeto envuelto en aluminio, el de cocina. Grité. Grité tan fuerte como pude y tome el teléfono. Era una calavera, un maldito cráneo humano. Mi corazón latía a mil por hora, pero tenía que llamarlos, aunque mi voz saliera entrecortada y costara respirar. 

No lo olvidaré jamás, oficial, no hay forma que olvide lo que vi. Estaba limpio, sin piel, sin ojos. Disecado como cadáver de un animal. Conservado como los que se ven en el museo. 



martes, 16 de abril de 2024

Fulgor

 Silencio. El tocadiscos se apaga. Las miradas se entrecruzan. Una vez más aguanto mi respiración. Porque si largo todo lo que debería decir, ¿Para qué me serviría? El hielo en el trago se mueve por el calor del ambiente. Pesado está todo, incluso el clima, reniego para mis adentros. No haces otra cosa que disparar tu mirada una y otra vez. Duele, ¿Lo sabes? Claro, muchas veces me detuve en esos ojos grises antes de pensar incluso en besarte. Pero no ahora. No nunca más.

La sesión se corta, la entrevista queda en nada. El disparador que debía ser esa vieja melodía de antaño no sirvió y una vez más tu cara de psicólogo tampoco. Me despido como cada encuentro, desorientada entre mi Yo y el amor. Dudar de si solo soy yo, no me da a esta altura de mi vida. Pero contarte mis emociones y mi pasado tampoco. Esa distorsión que dices que nombro un tal Freud, o mi cariño imberbe hacia el que veo como mi salvador. 

Perfume

 Me sentí incapaz, durante días, de hacer algo con aquello. Será por eso que lo segundo que resolví, luego de tenerlo un tiempo en el baño, llevarlo a la habitación. A la mesa de luz para ser más específica. Solo duro tres noches, porque verlo de temprano, a primera hora de la mañana, me ponía de terrible humor.

Ya sé que tendría que haber actuado antes, que las consecuencias, que esto y así. Pero esto no fue un accidente y nunca dire algo por el estilo... Es mi mente que no se calla.

¿Para qué darle más vueltas al tema? Pero tirarlo a la basura no solucionaría nada. Que las terapias NewAge me plantearían que sea positiva, que disfrute, que aclare mi mente. Mi vecina me opinaría lo contrario.

¿Qué diría mi mamá? No quiero ni pensarlo. Quizás, y en un tiempo, mi papá me perdoné, o al menos no se altere como la otra noche en la cena. Y eso que mi plan de un espacio público parecía bueno para que no grite, y ni modo, empezó con eso de que sufriría del corazón, se moriría, estiraría la pata por mi culpa.

A todo esto, aquello sigue aquí, en la mesa del living. Ya alucino que tiene vida propia y en cualquier momento me grita, o huye, tipo las opciones más comunes.

Ya sé, irá a un cajón. El cajón de la otra mesa de luz. Total, no va a volver y el test de embarazo, con sus dos palitos verticales, ganara su perfume como si se le impregnara el calor, o el amor de quien no lo quiso.

miércoles, 27 de marzo de 2024

Borges es Dios

Llamen Borges a todo
Llamen Borges a todos los espacios públicos, a las plazas, a los monumentos, a los centros culturales, a las calles, por que no? Entonces provocarían una escisión en el espacio-tiempo generando universos paralelos de magnitudes Borgeanas. Llamen Borges a todo, así nos encontremos en las intersecciones de la Calle Borges entre la cortada Borges para ir al centro cultural Borges. Nos vemos en la plazoleta Borges, frente al palacio municipal Borges y vamos a la costanera del río Borges. Nos esconderiamos en espacios públicos paralelos de universos opuestos, a debatir sobre cuestiones centrales, o baladies. Llamen Borges a todo así nos perdemos en fructuosas muchedumbres anónimas de características borgeanas. Oh proles espartanas, llamen a sus hijos Borges y rompamos el binarismo celestial de dioses paganos en luchas con tigres callejeros. Llamen Borges a todo, a lo etéreo y a lo infernal. 

.NPC de Facebook Z

lunes, 25 de marzo de 2024

Una vez más

Tres, dos, uno. La alarma suena, la sincronización debe ser perfecta. Los alumnos comienzan a salir del aula, se forman distintos grupos en la puerta de la Universidad. Carolina se mezcla entre la multitud y comienza a llorar, arruinándose el rimel, una vez más. Camina unas cuantas cuadras hasta ver la entrada al subte y agiliza el paso en torno a las escaleras. Otra vez era 9 de octubre.
Carolina oprime su pecho y sus ganas de gritar se apagan. Pasaron apenas unos minutos desde que vio a Olivia, su madre, que la esperaba como cada mediodía desde la vitrina de un café cerca de la facultad. Sabe que se cruzaron las miradas, traga saliva. Ve como Olivia suelta la taza y sale deprisa del local. Intenta cruzar la calle con rapidez, y detenerle el paso a Carolina para al menos decirle algunas palabras. 
Su hija llevaba varios años tomando clases de una carrera que no le gustaba, repitiendo una y otra vez las mismas materias.

-Carolina, hablemos por favor...- dijo sacudida por los nervios.

- No hay nada que hablar, mamá.

-No me dejes así, no fue mi intención dejarte así.

- ¿Te referís sola y en la calle? - entre lágrimas cada vez más grandes y a la vista de todos.

Carolina aligera los pasos hasta el punto de correr. Consumida por la vergüenza, desaparece en la estación del subte. No era la primera vez que peleaba así, pero sí la última.

Dentro del subte, toma un asiento vacío y el espejo de su mochila. Se limpia el maquillaje corrido, se quita la peluca y respira profundo. Cierra los ojos con alivio. Vuelve a ser ella, vuelve a ser Soledad. Toma el celular y ve la foto de ella junto a Carolina. Mira la hora y oprime en el pecho tantas cosas. El calendario pasa, pero no pierde esperanza. Los años de terapia de su madre llegarán a su fin, y ese día dejará de vestirse como Carolina, su padre no la llamará más pidiendo seguir el engaño. Porque repetir una y otra vez el día que su hermana se tiró a la vía era agotador.

lunes, 18 de marzo de 2024

La cena

Mi primera prioridad siempre es la de volver a casa. Después del arduo día de trabajo, no puedo esperar para apoyar mi cuerpo en la más divina creación de Dios, la poderosa cama que todo alivia. Lo malo, lo horroroso, al menos para mí, se precipita en el medio, el intervalo donde debo ser, en efecto, ese ente alimentador del árbol de la vida.

La cocina siempre me pareció el calabozo de la casa. De niña estaba cerrado bajo llave, menos algunos sábados donde mi padre se dedicaba a quemarse y sacudir de risas la sala mientras preparaba sus victoriosas rabas. Ese día se almorzaba en la cocina, primero para que no se enfríen en el tiempo que se demora en llegar al living comedor, segundo porque así mi papá también podía comer entre tanda y tanda sin perder de vista el aceite.

Así, perdida en el cansancio y el recuerdo, la distracción de mi hijo contándome las hazañas de su día, el gato arañando al otro lado de la puerta pidiendo su alimento, la pasta se desparramó sobre la mesada. Mi primera reacción incorporada desde que los indígenas dominaban la tierra fue juntar los fideos de vuelta a la sartén. Pero ¿ahora qué hago? ¿Lo sirvo igual? No, no podría con el asco, porque soy así, por más detalladamente limpio que dejo todo, no puedo con mi ego y no podría comer sin sentir el estómago dando vueltas como barco perdido en naufragio. Lo mejor será que lo coma mi marido con mi hijo. ¿Puedo dejar que mi pequeño coma eso? ¿Y si se enferma, y si se intoxica? Si tengo que perder mi día de trabajo por tenerlo enfermo… simplemente no me puedo tomar el día, menos estas fechas tan activas y…

Mejor que no coma. ¿Cómo se lo impido? Ya sé. Le pondré algo extra que no le gusta como champiñones, así solo mi esposo lo come. Le daré a mi pobre niño lo que sobró de la cena de ayer, de paso hago espacio en la heladera. 

Entonces solo comerá mi marido. ¿No se verá algo raro? Me imagino que tendré que inventar alguna razón de que hice todo esto para él. Total nunca recuerda en que día del calendario está ni que fechas relevantes hay, incluso el cumpleaños de su madre se escapa de su cabecita, pero yo lo quiero así.

¿Y si se llena y sobra? Esto es para varias personas, no tendría que haber hecho el paquete completo, encima ya con la salsa de hongos se hizo más pesada la sartén. En cualquier momento llega del trabajo y ya escucho el sonido de mensaje en mi celular.

—Amor, tengo ganas de cenar pizza, ;) y compré un par en el camino a casa. Te amo.-

Solo espero que al perro del vecino le guste su cena gourmet: fideos con salsa de champiñones y pate para gato. 

viernes, 15 de marzo de 2024

Evacuando (Soltando)

Siempre fue estricto mi inconsciente para ir al baño, no es broma. Me despierta la sensación y el impulso para vaciar la vejiga a las 4am y a las 6am sin falta. Ese relojito interno siempre en marcha, a pesar de que me duermo profundamente. Pero ahora no, el "siempre" varió desde que se fue, y qué te puedo decir, en lugar de las 4am fui a las 3 am, no me resultó tan trágico, después el de las 6am paso a 7am y mis dudas aparecieron. 
Porque sí, dormir sola parece que cambió algo en mí. Ya no me duermo tan profundo, y definitivamente dejé de acostarme a la misma hora, porque los impulsos de mi mente imaginativa se extienden más allá de lo que puedo. Por más que me diga que si no lo pienso, ergo no existe.
Volviendo al tema, era de madrugada, ya ni las 3 ni las 4 en punto, si no a medias y en el agua del inodoro encontré una cucaracha. Estaba dada vuelta, observándome. Moviendo sus patas en pedido de ayuda o quizás solo intentando girarse y huir. Como todo en mi vida que huye. La miré atónita un par de segundos, no sé cuantos, pero mi registro físico y mis necesidades primordiales estaban a flor de piel. Y la meé. Hice pis encima de ella. No contenta con ello, tire la cadena y me volví a dormir. 
Solo a la mañana y con la taza de café caliente en mis manos, volví a pensar en eso. ¿Qué habrá sentido el pobre bicho cuando descendió sobre él una cascada tibia y amarillenta? ¿Qué parte de su ego le habré dañado? Pero la cucaracha no huyó de mi amor, yo descargué la cisterna. Y lo haría de nuevo.