miércoles, 9 de junio de 2021

Nada mas importa

* El florete no cayó muy lejos del dueño. Una estocada mas y sobrevivimos - se dijo.

La fina espada se tambaleaba a causa de su ligereza. El metal brillaba a plena luz del día. Había cadáveres desparramados en cada espacio del campo de batalla donde se desafiaba contra La Muerte. 

El joven borboteaba sangre de sus múltiples heridas a la vez que soltaba una sonrisa triunfal, su destino no era morir hoy. Tomó su espada del suelo y en un rápido giro la empuño contra el único ojo que le quedaba a la parca. 

El esqueleto movió de una manera extraña sus huesudos dedos y en un santiamén escapó.

*A los pocos metros un opaco violín comenzó a volar suavemente y un perfume a jazmines rodeo el tranquilo lugar.

La dulce melodía resonaba. Se amplificaba a medida que golpeaba las armaduras carcomidas que se perfilaban junto a sus fallecidos dueños.

El caballero se acostó en la hierba y observo el cielo. Todavía estaba a tiempo, todavía podía salvar a su amada. Solo debía encontrar a La Muerte una vez más.

*Buscó por interminables tierras. Los años pasaban. La Muerte no pasaba por donde él iba y por ello los habitantes de cientos de pueblos lo echaban una y otra y otra vez.

Fue en un desierto, cansado de caminar, dejó en el suelo su violín y su florete. Quería olvidarlo todo, quería volver a ser él. Su fe se estaba apagando, cuando divisa a lo lejos un vidrio resplandeciente.

Era un frasco transparente, de tapa blanca y sin nada en su interior. Después de un momento de consuelo, abrió el envase. La ciega Muerte se apareció frente a él. Introdujo sus huesudos dedos en el frasco vacío y se coloco los ojos. 

Comprendió al mirarlo que jamás estuvo solo. Que La Muerte lo estuvo siguiendo a cada paso. Lloró. Detrás del caballero el violín tomaba figura humana. Solo pudo ver a su amado desaparecer en polvo. 

Pareja espejada.

Yo soy gorda, ella es flaca. El chico que se sienta al lado mío es flaco, el de ella es gordo.

No puedo evitar querer ser ella. La finura de sus brazos, los atigrados ojos, la apariencia juvenil del cabello sedoso. Ni una pizca de grasa en su ser.

Me sonrió nerviosa, ella se ríe. Ellos no reaccionan, no se miran. los envidio por su falta de celos y resentimientos.

Ansiedad. Necesito masticar algo, comer algo, evitar seguir pensando. Extiendo mi mandíbula como serpiente. En un segundo devoro al pobre chico flaco.

Suena una sirena ensordecedora. Una corriente eléctrica pasa por mi cuerpo. 

Nadie me comprende. Los científicos se van, me dejan sola frente a la hermosa mujer otro día mas.