martes, 27 de junio de 2023

Los ojos de Celina, por Roberta.

 Cuando vi a esa mujer en mi campo, sabía que tramaba algo. Viví toda mi vida ayudando en la granja y cuidando todo en el terreno de mis padres. Sé que por eso vino esa señora a verme, conocía de mi persona y me veía con buenos ojos. Por eso no me sorprendí cuando a los pocos días apareció con su hijo, el mayor. 

Mis padres vieron su campo, sus regalos y me entregaron fácilmente. 

-Roberta, tenes que casarte con ese hombre. (Más fuerte)

 No esperaba nada distinto. Como ocurre siempre. No conocía nada distinto. Por eso acepté y me fui a vivir con ellos. 

(....) Más de la casa... Creí que no había nada peor que... (Clan)

El pobre hermano menor y como se lo veía de enamorado con la Celina, me cautivo. Incluso creí que pelearía por ella, que cambiaria su vida, pero no. 

La vida siguio.. con sus rigores

Yo tendría tuve mis hijos, cuidaría cuide el campo como había aprendido aprendí y así se los enseñe. Pero no podía dejar de pensar en eso.

(Desplayar) en la barbarie, destinos de Celina.. injusticia 

No podía callar tanto. Cuando escuchaba a la vieja hablar mal de la Celina me daba un revoltijo en el estómago. Y aquella tarde.. 

La bolsa de arpillera que se llevó mi marido de mi casa me dio las pistas que necesitaba. Pobre muchacha. Ellos la asesinaron señor comisario. 

Sorpresa

 Cuando el fantasma toco el timbre en mi portón no me asuste, lo vi más bien como a un pequeño perro vagabundo. Me contó que necesitaba asustar a alguien para poder dejar de caminar y dar vueltas en la nada. Accedí sabiendo bien que soy difícil de asustar. 

Empezó como era de esperarse, apagando y encendiendo las luces de la casa. Luego con ruidos que iban desde puertas cerrándose hasta sillas moviéndose, pero sin cambios. Yo me entretenía, lo tomaba como algo gracioso que me hacía salir de la rutina.

Cuando el fantasma se cansó decidió comunicarme que se daba por vencido.

El grito que pegue, dios mío. Nunca me había asustado tanto en mi vida. Y, por el lado de él, supongo que se marchó al cielo. Se me eriza la piel, la idea de repetirlo. El fantasma, el que se veía tan mágico y amable, me llamo… me llamo señora.