Sonámbulo. Recorría en la mente mis miedos de ser padre. Decido levantarme y me calzo las pantuflas de cuerina marrón. Camino a oscuras hacia el baño, pensando en no hacer ruido. El rostro agobiado me observa en cuanto enciendo la luz. Estoy angustiado y lo sé. Mi reflejo lo sabe, pero hay cosas que no debo decir.
lunes, 24 de noviembre de 2025
Flores Azules
viernes, 14 de noviembre de 2025
Estrella
A veces sueño
una lechuza
y un abedul
me miran en silencio.
a veces sueño
hay flamencos.
una casa alta
con olor a nogal
con calor de hogar
con vos adentro.
jueves, 6 de noviembre de 2025
La propuesta
Esa sonrisa. No podía pensar en otra cosa que no sea esa sonrisa. Por eso cuando la invitó al café, ella aceptó. Llevaban bastante tiempo entre idas y vueltas, noviazgos que duraban de medio año a un mes y que se cortaban porque él no quería dar el siguiente paso.
¿De qué forma debería mostrar lo que siento por él? Se preguntaba mientras buscaba los anteojos en la cartera para poder observar el menú. Poco sabía ella que esta no era una reunión más, que esta vez el amor eterno sería entregado en una caja roja de terciopelo, que le diría la esperada propuesta.
Se acomodó el cabello cenizo y mantuvo la educada cadena de conversación lo mejor que pudo. Contando una y otra vez el inicio de todo: cómo se conocieron cursando en la misma secundaria, cómo tímidamente se arroparon uno al otro después de hacer el amor. De las risas enamoradas del día después. De los paseos por la costa, por el bosque o el campo.
Cuando llego el momento justo, Don Ramón, con sus finas y arrugadas manos de 80 años labrando la tierra, le mostró el anillo a Silvia. El diamante que brillaba en la caja al fin se posaría en el dedo anular. Al fin se casarían los dos.
El ruso
Jamás afanaría, tengo dignidad - Dijo el ruso, una semana antes de que robará. Y no fue dinero, sino que se robó a la mujer de Carlos. Así mi amistad con él acabo. Pero cada tanto lo veía por el barrio y lo escuchaba en algún bar, demostrando otra vez que tenía dignidad y, en tono de risa, que estaba justo dentro de sus pantalones.
Una mañana lo crucé justo en el momento que descendía del colectivo, sus calzones se bajaban lentamente por sus rodillas. No había mentido. Era tal cual su dignidad: chiquita y arrugada.
La visita
No esperaba atender a mi mamá en la puerta de mi casa con sus ojos desbordados de tanto llorar. Era urgente. Para ella todo era urgente. Pero esta vez iba en serio.
Me contó de que tuvo abortos antes que yo naciera. Que mi embarazo de seguro era ectópico y tendría que pasarlo en la cama. Más que nada los últimos meses. Que me preocupara y vaya con el médico, que hay cosas que no hay que tomar a la ligera.
Le abro la puerta y veo como parte al cielo, desde donde me cuida hace años. Tomó el teléfono y pido que a primera hora del día me vea de urgencia la ginecóloga.