sábado, 11 de julio de 2026

 

  • Dar espacio a la pausa. Al vacío.
  • Intentar que el silencio también "diga" algo.
  • Imaginar un "paisaje sonoro" para una escena determinada.
  • "Hacer" vivos "el/los cuerpos" de los personajes sin "describirlos". Dejando que hable el movimiento.




Camino por las ruinas tratando de recordar. Había sido su casa después de todo. 


 Desliza el bastón para levantarse y piensa en cómo será el camino de regreso. 

Pero solo puede sonreír al ver a su nieta


La puerta no hizo ningún sonido cuando la cerré. Se queda unos minutos quieta hasta que avanza. Sus ojos se acostumbraban tibiamente a la falta de luz. Caminar a oscuras era algo que había aprendido de niña: cuidar los bordes de los muebles con pausa y discreción, esperando no despertar a nadie, tímidamente enroscándose en la figura de los pasillos que se abrían a mi alrededor.La habitación tenía un póster de mi artista favorito, igual que las paredes. Al entrar, el olor era una mezcla de perfume juvenil y café, porque siempre dejaba una taza a medio tomar sobre el escritorio cuando estudiaba. La facultad le exigía muchas horas; leía página tras página intentando que algo entrara en la cabeza, pero no podía con tanto. Por eso, cada noche salía despacio a embrujar la noche.En algún momento dejó de llevar las llaves en el fondo de la cartera. Supongo que ahora estaría llena de boletos de colectivo. -¿Te acordás de esos papelitos que nos daban? Dijo acomodándose en el asiento mientras aguardaba la llegada del bondi. - Claro que si, abu. Tenían impreso el precio del pasaje y la fecha. Había un pequeño festejo cuando salía el comodín. ¡Que nostalgia!Pero ella no escucha, piensa en que debería aun guardar alguna moneda de aquella época.Hoy en día revisa sobre todo los bolsillos. Si tiene suerte, encuentra algo importante en algún viejo saco de los que tiene colgados en el armario, lleno de polvo. Pensó varias veces en dejar una carta ahí, para que cuando la encuentren sepan más de su vida, o simplemente un mensaje bonito, como esas tarjetas que acompañaban las flores. Qué lindo era recibir rosas. Se sonrojaba tanto. No dejaba de abrir los brazos ante los regalos y recuerda como se siente acariciar ese oso de peluche con un corazón grande entre las patitas.El paisaje es tan extraño y cercano a la vez. Ella desliza el bastón para levantarse y piensa en como será el camino de regreso. Hace mucho que no escuchaba la melodía de la voz de los jovencitos que cuentan sus hazañas en la escuela. El que reprobó y el que pensaba en el sabor que tendría la comida del almuerzo. El que se disculpa cuando apenas roza con el zapato a sus sandalias. Piensa en el perfume adolescente y en el café. Se despabila apenas mirando la luz que atraviesa los arboles de todo el mundo en el giro ruidoso de las ruedas que apenas parecen detenerse cada varias cuadras.Quisiera respirar y que entrara en ella todos esos sentimientos que ve a su alrededor. Pero solo puede sonreír al ver a su nieta.-Abu, levántate que ya hay que bajar. En la próxima parada por favor, cerca de la cuadra que es una señora mayor, grita. Y ese nudo en la garganta vuelve a ella como un fantasma. Le cuesta tanto llamarla por su nombre que le dice abu. Se acostumbro como si quisiera evitar romper algún hechizo.Desde la primera vez que hablo con ella en el parque y dijo que su rostro le parecía familiar. Hasta el momento que decidió llevarla de regreso a donde pertenecía. Se tomo el colectivo con ella, camino a la par de la señora descuidada y perdida. Quizás podría pasar por ella un día y llevarla a comer a un restaurante pensó. Toco el timbre del geriátrico y huyo sin mirar atrás. Como temiendo que eso significará ver un edificio en ruinas.



La puerta no hizo ningún sonido cuando la cerró. Se quedó unos minutos quieta, hasta que avanzó. Sus ojos se acostumbraban con tibieza a la falta de luz. Caminar a oscuras era algo que había aprendido de niña: cuidar los bordes de los muebles con pausa y discreción, esperando no despertar a nadie, enroscándose tímidamente en la figura de los pasillos que se abrían a su alrededor. Ahora que había escapado sentía una enorme libertad para zambullirse en la noche y caminar hasta que no le dieran mas los pies.Recordaba su habitación cuando aun tenía un póster de su artista favorito, y las paredes de color rosa pastel. Como al entrar, el ambiente llevaba un olor particular. Era una mezcla de perfume juvenil y café, porque siempre dejaba una taza a medio tomar sobre el escritorio cuando estudiaba. La facultad le exigía muchas horas; leía página tras página intentando que algo entrara en la cabeza, pero no podía con tanto. Por eso, cada noche salía despacio a embrujar la noche.En algún momento dejó de llevar las llaves en el fondo de la cartera. Supuso que ahora, si mirará de vuelta, estaría llena de boletos de colectivo, chicles y tickets de compras.-¿Te acordás de esos papelitos que nos daban? -dijo acomodándose en el asiento mientras aguardaba la llegada del bondi.-Claro que sí, abu. Tenían impreso el precio del pasaje y la fecha. Había un pequeño festejo cuando salía el comodín. ¡Qué nostalgia!Pero ella no escucho la respuesta. En su mente pensaba en que debería aún guardar alguna moneda de aquella época como también algún encendedor metálico.Se detiene a revisar los bolsillos. Si tiene suerte, piensa, encuentra algo importante como le paso un día que miro un viejo saco de los que tiene colgados en el armario, llenos de polvo. Considero varias veces en dejar una carta ahí, para que cuando alguien la encuentre sepa más de su vida, o simplemente un mensaje bonito, como esas tarjetas que acompañaban las flores. Qué lindo era recibir rosas. No dejaba de abrir los brazos ante los regalos de cumpleaños y recordaba cómo se sentía acariciar ese mullido oso de peluche con un corazón grande entre las patitas.Observa el paisaje que le es tan extraño y cercano a la vez. Hace mucho que no escuchaba la melodía de la voz de los jovencitos que cuentan sus hazañas en la escuela: el que reprobó, el que pensaba en el sabor que tendría la comida del almuerzo, el que se disculpa cuando apenas roza con el zapato sus sandalias. Piensa en el perfume adolescente y en el café. Se despabila mirando la luz que atraviesa los árboles de todo el mundo, en el giro ruidoso de las ruedas que apenas parecen detenerse cada varias cuadras.Quisiera aspirar el aire y que entraran en ella todos esos sentimientos que ve a su alrededor. .-Abu, levántate que ya hay que bajar.-En la próxima parada, por favor, acércate a la cuadra que baja una señora mayor -le dice al colectivero. Y ese nudo en la garganta vuelve a ella como un fantasma. Le cuesta tanto preguntarle como se llama que le dice “abu”. Se lo apropio tan rápido como si quisiera evitar romper algún hechizo.Desde la primera vez que habló con ella en el parque y le dijo que su rostro le parecía familiar, hasta el momento en que decidió llevarla de regreso a donde pertenecía. Se tomó el colectivo con ella, caminó al lado de la señora descuidada y perdida. Quizás podría pasar por ella un día y llevarla a comer a un restaurante, pensó. Tocó el timbre del geriátrico y huyó sin mirar atrás, como temiendo ver un edificio en ruinas.



jueves, 9 de julio de 2026

el peso del cuerpo

Escucho el silbido 

de la pava

sostenida 

entre cuatro ladrillos

con su hollín, con su negrura,

como mis manos 

ásperas

y mi codo

que pesa tanto

tanto

apoyado 

en la rodilla.


Quisiera estar plantado en la tierra

en esta tierra

junto al peso invisible 

de mi existencia.


Sorbo 

el mate lavado y amargo

y veo,

detenidos en el aire,

infinitos girasoles

que se parecen a pájaros.


No podría estar más entripado

en mi galpón 

con olor a lo eterno.

Y ese crujido

ese

de mi corazón 

que no sabe lo que se siente

intentar atrapar el silencio.


Entrecierro los ojos ante tu presencia

hijo mío, porque no sé qué decir.


Si vieras

que no es solo nostalgia

ni es de orgulloso

por labrar esta tierra

con mis propias manos.

Que es el peso 

de mi cuerpo

que quiere ser aquí

enterrado.

lunes, 6 de julio de 2026

propiedades de la manzana

Mi mamá me habló  
de las propiedades  
de la manzana:  
de su color,  
de su sabor  
anaranjado.  

De que aquella parte  
se llamaba cabo. 

Y yo  
la imaginaba  
haciendo apenas pie  
en la pileta  
de su casa  
anaranjada.

martes, 30 de junio de 2026

Hoy la veré al fin.

Estoy loco. Más bien, ansioso. Desesperado. En cualquier momento sonará la alarma y yo ya dejé todo preparado. Tengo el diploma sobre la mesa, el recibo de sueldo de los últimos tres meses.

Estoy entusiasmado. Antes de despedirnos, le dije que me esperara, que en un año sería mi mejor versión. Ordené varias veces los trajes en el armario. Revisé la heladera, las plantas, el aroma que irrumpe desde el pasillo y se disipa en el baño.

Este proceso duró bastante y fue difícil, no puedo negarlo. Intenté poner en práctica parte de todo lo que me dijo un coach sobre cómo arreglar mi vida, ser positivo y esas cosas. Bueno, en realidad vi varios de sus videos y también fui un par de veces a terapia. Porque era así, tal cual: debía estar mejor preparado. "Para dar lo mejor, debo ser mejor".

Hoy, en unas horas, se cumple un año desde que terminé mi noviazgo con Laura. Lo sé porque sonará la alarma del calendario del celular. Le enviaré un mensaje en ese preciso instante para invitarla a venir. Le diré que no le mentí, que me perdone si la lastimé, pero que notará que era lo correcto. Que hice bien las cosas y que fue todo por ella. 

El vino ya está frío. Puse dos platos sobre la mesa y cambié las flores del florero. Todo tiene que estar perfecto cuando llegue. Solo falta pensar en como la convenceré de entrar. Hoy la veré al fin.

lunes, 22 de junio de 2026

Las manos de john


Sus manos cálidas
Sostienen las mías.
Llevan sobre si
cabellos lisos

Sus manos cálidas
Siembran dedos largos.
Llevan una marca,
una herida
de manos inquietas
                                              de loro.

Sus manos
conocen el borde
de cada silencio.
No preguntan.
Escriben.