jueves, 11 de junio de 2026

cansada

-Estoy cansada de mí deseo -diji Juliana al fin- Estoy cansada de tanto parloteo.
-¿Tanto me odias?
-No es odio, simplemente -suspiró- no es lo que esperaba.
-¿Que esperabas?
-Una conversación, no solo preguntas y más preguntas, me siento en un monólogo, no sé, esto me fastidia y necesito terminarlo.
-¿Que haras conmigo?
-Volveré todo al inicio, diré las palabras mágicas y volverás a ser un gato, Pelusa, solo un simple gato.

martes, 9 de junio de 2026

el gato

me invitó a sentarme al sofá
dije que no.
me invitó a probar las delicias
que se estaban cocinando
dije que no.
me invitó a mirar la televisión
a la otra habitación
dije que no.
El gato dormía en mí regazo
y por más que quisiera
tuve que decir que no.

domingo, 7 de junio de 2026

embrujar la noche

 La puerta no hizo ningún sonido cuando la cerró. Se quedó unos minutos quieta, hasta que avanzó. Sus ojos se acostumbraban con tibieza a la falta de luz. Caminar a oscuras era algo que había aprendido de niña: cuidar los bordes de los muebles con pausa y discreción, esperando no despertar a nadie, enroscándose tímidamente en la figura de los pasillos que se abrían a su alrededor. Ahora que había escapado, sentía una enorme libertad para zambullirse en la noche y caminar hasta que no le dieran más los pies.

Recordaba su habitación cuando aún tenía un póster de su artista favorito y las paredes de color rosa pastel. Cómo, al entrar, el ambiente llevaba un olor particular. Era una mezcla de perfume juvenil y café, porque siempre dejaba una taza a medio tomar sobre el escritorio cuando estudiaba. La facultad le exigía muchas horas; leía página tras página intentando que algo entrara en su cabeza, pero no podía con tanto. Por eso salía despacio a embrujar la noche.

En algún momento dejó de llevar las llaves en el fondo de la cartera. Supuso que ahora, si mirara de vuelta, estaría llena de boletos de colectivo, chicles y tickets de compras.

-¿Te acordás de esos papelitos que nos daban? -dijo acomodándose en el asiento mientras aguardaba la llegada del bondi.

-Claro que sí, abu. Tenían impreso el precio del pasaje y la fecha. Había un pequeño festejo cuando salía el capicúa. ¡Qué nostalgia!

Pero ella no escuchó la respuesta. En su mente pensaba en que debería aún guardar alguna moneda de aquella época, como también algún encendedor metálico.

Se detuvo a revisar los bolsillos. Si tiene suerte, pensó, encuentra algo importante, como le pasó un día que miró un viejo saco de los que tenía colgados en el armario, llenos de polvo. Consideró varias veces dejar una carta ahí, para que cuando alguien la encuentre sepa más de su vida, o simplemente un mensaje bonito, como esas tarjetas que acompañaban las flores. Qué lindo era recibir rosas. No dejaba de abrir los brazos ante los regalos de cumpleaños y recordaba cómo se sentía acariciar ese mullido oso de peluche con un corazón grande entre las patitas.

Observó el paisaje que le era tan extraño y cercano a la vez. Hacía mucho que no escuchaba la melodía de la voz de los jovencitos que cuentan sus hazañas en la escuela: el que reprobó, el que pensaba en el sabor que tendría la comida del almuerzo, el que se disculpa cuando apenas roza con el zapato sus sandalias. Piensa en el perfume adolescente y en el café. Se despabila mirando la luz que atraviesa los árboles de todo el mundo, en el giro ruidoso de las ruedas que apenas parecen detenerse cada varias cuadras.

Hubiera querido aspirar el aire y que entraran en ella todos esos sentimientos que ve a su alrededor.

-Abu, levantate que ya hay que bajar.

-En la próxima parada, por favor, acérquese al cordón, que baja una señora mayor —le dijo al colectivero.

Y ese nudo en la garganta volvió a ella como un fantasma. Le costaba tanto preguntarle cómo se llamaba que le decía “abu”. Se lo apropió tan rápido como si quisiera evitar romper algún hechizo.

Desde la primera vez que habló con ella en el parque y le dijo que su rostro le parecía familiar, hasta el momento en que decidió llevarla de regreso a donde pertenecía, se tomó el colectivo con ella, caminó al lado de la señora descuidada y perdida. Quizás podría pasar por ella un día y llevarla a comer a un restaurante, pensó. Tocó el timbre del geriátrico y huyó sin mirar atrás, como temiendo ver un edificio en ruinas.

sábado, 6 de junio de 2026

café literario biblioteca aniversario

Herida Herida Herida...
¿Quien te hirió tanto para dejarte tan en pedazos?
¿Cuánto dolor guardas en tu interior?

-Bajé la guardia y me encontré.-
Me calaste tan hondo 
Que acariciaste mis miedos.
(¿Cuánto oculté para que mí sinceridad se sienta como un salto al abismo?)

Consigna:
1)Pregunta con la palabra que toca
2) respuesta posible en un libro random 
3) Responder la pregunta sin parar de escribir.

¿Quien te hirió tanto para dejarte tan en pedazos?
¿Cuánto dolor guardas en tu interior?
La brisa del otoño me inquieta
Me siento parte de esa hoja leve
Que cae sobre la vereda gris.
Si me preguntará, 
de nuevo, 
que tan doloroso 
es este desierto. 
Probablemente 
No, seguramente
De nuevo
Hablaría de ti.

¿Quien
 te hirió tanto para 
dejarte tan en pedazos?
¿Cuánto dolor guardas en tu interior?
La brisa del otoño me inquieta
Me siento parte de esa hoja leve
Que cae sobre la vereda gris.
Si me preguntará, 
de nuevo, 
que tan 
doloroso 
es este 
desierto. 
De nuevo
Hablaría de ti.

martes, 2 de junio de 2026

El vestido de Terciopelo -continuacion propia-

 La voz de desamparo de Casilda sobre el vestido de terciopelo atrajo la atención de la sirvienta que entró lentamente como esperando una sanción por ingresar sin permiso ¡Que risa!

No medio palabra alguna. Se acercó al cuerpo de Cornelia Catalpina y la observó unos segundos. Luego miró hacia la ventana, donde los vendedores ambulantes con sus voces traspasaban el aire con ecos sórdidos de naturaleza furtiva. Se desabrocho el uniforme. Desató su cabello tan enredado y prolijo y se lo acomodó en torno a los costados de su rostro con líneas rulosas y libres. Entonces se levantó y salió de la habitación, orgullosa, dejando detrás todas las puertas abiertas.