domingo, 21 de junio de 2026

Carta LGBT

 

Si yo viviera enfrente de tu casa y de vez en cuando charláramos al cruzarnos por la calle, probablemente no me animaría a decirte en persona lo que hoy te escribo.

Quizás no encontraría las palabras para decirte que no veo en vos nada despreciable, ridículo ni digno de vergüenza.

Por eso te escribo.

Tal vez guardes esta carta en algún lugar y vuelvas a leerla cuando necesites compañía o tranquilidad. Si eso sucede, quiero que sepas algo desde el principio: no estás solo.

Puede que hayas pasado mucho tiempo intentando ocultar lo que sentís. Puede que hayas tratado de encajar, de cumplir con las expectativas de los demás o incluso de convencerte de que aquello que te hacía diferente iba a desaparecer.

Y puede que nadie conozca la lucha que llevás por dentro.

La angustia, el miedo, la culpa o la sensación de no pertenecer pueden convertirse en una carga muy pesada. A veces parecen capaces de apagar la alegría y la esperanza.

Pero quiero que sepas algo importante: no sos una aberración, no sos una mala persona y no hay nada vergonzoso en vos.

Sos un ser humano que está buscando comprenderse y encontrar paz consigo mismo.

Y ese camino empieza cuando dejamos de castigarnos por ser quienes somos.

La culpa puede ser destructiva. Nos hace creer que estamos solos, que nadie va a entendernos o que no merecemos ser aceptados.

Sin embargo, hay miles de personas que atravesaron experiencias parecidas. Personas que también tuvieron miedo, dudas e inseguridades. Personas que sufrieron por sentirse diferentes y que, aun así, lograron encontrar un lugar donde ser ellas mismas.

Por experiencia sé que aceptar nuestra realidad no es fácil. Muchas veces es uno de los desafíos más grandes de la vida.

Pero también sé que la aceptación puede convertirse en el comienzo de una nueva etapa.

Aceptar quién sos no significa rendirte. Significa dejar de pelear contra vos mismo.

Y cuando esa pelea termina, empieza a aparecer algo que durante mucho tiempo parecía imposible: la tranquilidad.

Cuando nos encontramos con personas que nos aceptan tal como somos, aprendemos a hacer algo que parecía imposible: aceptarnos nosotros mismos.

Es un alivio enorme descubrir que no hay que atravesar todo esto en soledad.

Poco a poco el miedo pierde fuerza. La vergüenza deja de ocupar tanto espacio. Y el pasado deja de ser una herida abierta para convertirse simplemente en una parte de nuestra historia.

Si llegaste hasta acá, espero que hayas comprendido que estas palabras no contienen ninguna condena.

Todo lo contrario.

Están escritas con respeto, con comprensión y con afecto.

Porque creo profundamente que tu vida tiene valor. Que merecés ser querido. Que merecés vivir con dignidad. Y que nadie debería pasar sus días escondiéndose por miedo a ser quien es.

Si alguna vez sentís que ya no podés solo, extendé la mano. Permití que alguien te acompañe.

Y si encontrás un lugar donde te sientas comprendido, cuidado y respetado, compartilo con otros.

Porque quizás haya otra persona esperando escuchar las mismas palabras que hoy llegaron a vos:

No estás solo. Nunca lo estuviste.

jueves, 11 de junio de 2026

cansada

-Estoy cansada de mí deseo -diji Juliana al fin- Estoy cansada de tanto parloteo.
-¿Tanto me odias?
-No es odio, simplemente -suspiró- no es lo que esperaba.
-¿Que esperabas?
-Una conversación, no solo preguntas y más preguntas, me siento en un monólogo, no sé, esto me fastidia y necesito terminarlo.
-¿Que haras conmigo?
-Volveré todo al inicio, diré las palabras mágicas y volverás a ser un gato, Pelusa, solo un simple gato.

martes, 9 de junio de 2026

el gato

me invitó a sentarme al sofá
dije que no.
me invitó a probar las delicias
que se estaban cocinando
dije que no.
me invitó a mirar la televisión
a la otra habitación
dije que no.
El gato dormía en mí regazo
y por más que quisiera
tuve que decir que no.

domingo, 7 de junio de 2026

embrujar la noche (LILA)

 La puerta no hizo ningún sonido cuando la cerró. Se quedó unos minutos quieta, hasta que avanzó. Sus ojos se acostumbraban con tibieza a la falta de luz. Caminar a oscuras era algo que había aprendido de niña: cuidar los bordes de los muebles con pausa y discreción, esperando no despertar a nadie, enroscándose tímidamente en la figura de los pasillos que se abrían a su alrededor. Ahora que había escapado, sentía una enorme libertad para zambullirse en la noche y caminar hasta que no le dieran más los pies.

Recordaba su habitación cuando aún tenía un póster de su artista favorito y las paredes de color rosa pastel. Cómo, al entrar, el ambiente llevaba un olor particular. Era una mezcla de perfume juvenil y café, porque siempre dejaba una taza a medio tomar sobre el escritorio cuando estudiaba. La facultad le exigía muchas horas; leía página tras página intentando que algo entrara en su cabeza, pero no podía con tanto. Por eso salía despacio a embrujar la noche.

En algún momento dejó de llevar las llaves en el fondo de la cartera. Supuso que ahora, si mirara de vuelta, estaría llena de boletos de colectivo, chicles y tickets de compras.

-¿Te acordás de esos papelitos que nos daban? -dijo acomodándose en el asiento mientras aguardaba la llegada del bondi.

-Claro que sí, abu. Tenían impreso el precio del pasaje y la fecha. Había un pequeño festejo cuando salía el capicúa. ¡Qué nostalgia!

Pero ella no escuchó la respuesta. En su mente pensaba en que debería aún guardar alguna moneda de aquella época, como también algún encendedor metálico.

Se detuvo a revisar los bolsillos. Si tiene suerte, pensó, encuentra algo importante, como le pasó un día que miró un viejo saco de los que tenía colgados en el armario, llenos de polvo. Consideró varias veces dejar una carta ahí, para que cuando alguien la encuentre sepa más de su vida, o simplemente un mensaje bonito, como esas tarjetas que acompañaban las flores. Qué lindo era recibir rosas. No dejaba de abrir los brazos ante los regalos de cumpleaños y recordaba cómo se sentía acariciar ese mullido oso de peluche con un corazón grande entre las patitas.

Observó el paisaje que le era tan extraño y cercano a la vez. Hacía mucho que no escuchaba la melodía de la voz de los jovencitos que cuentan sus hazañas en la escuela: el que reprobó, el que pensaba en el sabor que tendría la comida del almuerzo, el que se disculpa cuando apenas roza con el zapato sus sandalias. Piensa en el perfume adolescente y en el café. Se despabila mirando la luz que atraviesa los árboles de todo el mundo, en el giro ruidoso de las ruedas que apenas parecen detenerse cada varias cuadras.

Hubiera querido aspirar el aire y que entraran en ella todos esos sentimientos que ve a su alrededor.

-Abu, levantate que ya hay que bajar.

-En la próxima parada, por favor, acérquese al cordón, que baja una señora mayor —le dijo al colectivero.

Y ese nudo en la garganta volvió a ella como un fantasma. Le costaba tanto preguntarle cómo se llamaba que le decía “abu”. Se lo apropió tan rápido como si quisiera evitar romper algún hechizo.

Desde la primera vez que habló con ella en el parque y le dijo que su rostro le parecía familiar, hasta el momento en que decidió llevarla de regreso a donde pertenecía, se tomó el colectivo con ella, caminó al lado de la señora descuidada y perdida. Quizás podría pasar por ella un día y llevarla a comer a un restaurante, pensó. Tocó el timbre del geriátrico y huyó sin mirar atrás, como temiendo ver un edificio en ruinas.

sábado, 6 de junio de 2026

café literario biblioteca aniversario

Herida Herida Herida...
¿Quien te hirió tanto para dejarte tan en pedazos?
¿Cuánto dolor guardas en tu interior?

-Bajé la guardia y me encontré.-
Me calaste tan hondo 
Que acariciaste mis miedos.
(¿Cuánto oculté para que mí sinceridad se sienta como un salto al abismo?)

Consigna:
1)Pregunta con la palabra que toca
2) respuesta posible en un libro random 
3) Responder la pregunta sin parar de escribir.

¿Quien te hirió tanto para dejarte tan en pedazos?
¿Cuánto dolor guardas en tu interior?
La brisa del otoño me inquieta
Me siento parte de esa hoja leve
Que cae sobre la vereda gris.
Si me preguntará, 
de nuevo, 
que tan doloroso 
es este desierto. 
Probablemente 
No, seguramente
De nuevo
Hablaría de ti.

¿Quien
 te hirió tanto para 
dejarte tan en pedazos?
¿Cuánto dolor guardas en tu interior?
La brisa del otoño me inquieta
Me siento parte de esa hoja leve
Que cae sobre la vereda gris.
Si me preguntará, 
de nuevo, 
que tan 
doloroso 
es este 
desierto. 
De nuevo
Hablaría de ti.