jueves, 9 de julio de 2026

vejez paisana

Escucho el silbido 

de la pava

sostenida 

entre cuatro ladrillos

con su hollín, con su negrura,

como mis manos 

ásperas

y mi codo

que pesa tanto

tanto

apoyado 

en la rodilla.


Quisiera estar plantado en la tierra

en esta tierra

junto al peso invisible 

de mi existencia.


Sorbo 

el mate lavado y amargo

y veo,

detenidos en el aire,

infinitos girasoles

que se parecen a pájaros.


No podría estar más entripado

en mi galpón 

con olor a lo eterno.

Y ese crujido

ese

de mi corazón 

que no sabe lo que se siente

intentar atrapar el silencio.


Entrecierro los ojos ante tu presencia

hijo mío, porque no sé qué decir.


Si vieras

que no es solo nostalgia

ni es de orgulloso

por labrar esta tierra

con mis propias manos.

Que es el peso 

de mi cuerpo

que quiere ser aquí

enterrado.

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