domingo, 10 de mayo de 2026

sepia

Me saludó desde detras del vidrio de la ducha, la veia difuminada por el vapor caliente de las gotas pintadas con olor a jabon. Era vieja y arrugada. Triste. O esa sensacion me daba, una extraña tristeza melancolica.
Podria retratarla como una fotografia sepia, porque mi memoria no guarda recuerdo a color de esa situacion. En cambio puedo narrar otros espacios de la casa.
Como, al ingresar, junto a la puerta estaba el telefono en una mesa ratona con mantel de flores amarillas. Frente al televisor, la mesa llena de souvenirs y figuras semejantes a lechuzas o buhos. La mesa espaciosa de mantel verde donde el centro lo ocupaba un viejo florero azul.
El pasillo largo, las habitaciones modestas con sus prolijas camas.
Mi abuela fallecio en una de esas tantas habitaciones y camas, un dia se acosto pensando en descansar antes de salir a la noche para mi fiesta de 15 y se quedo ahi.
No lo supimos al instante, la demora del remis que se supone que la buscaria, creimos que fue un problema de la agencia que no envio el coche. Nunca era buen momento para dejar todo y buscarla, por el baile, el karaoke, el brindis, el video.
En retrospectiva, tengo una angustia barbara. Siento que la abandone, que la abandonamos como otras varias veces.
Nos encontramos el cuerpo al otro dia, de tarde, despues de insultarla por faltar a mi dia tan importante y despues de que la resaca no dolia tanto.
Estaba mirando hacia el techo. Con los brazos frios a los costados y las manos unidas en plegaria. Habia dejado el vestido a su lado, con el suficiente espacio para que no se arrugue. El sombrero de tul para ocultar su alopecia, y el saco que le regale en su cumpleaños numero 86.
Corri hacia el baño para lavarme el rostro. Necesitaba un baldazo de agua fria que me lleve a otra realidad. A una donde esperó el coche hasta que se cansó y se acostó. A uno donde la despertaba y me sonreia y me decia pequeña mia feliz quince.
En el espejo podia observar los brillitos que caian de mi cabello castaño. Los ojos pesados de angustia y el rimel negro que no se termino de salir a pesar del desmaquillante. El anillo que me obsequio ella dias antes de partir. En ese instante la vi, su mano, su tristeza. Me acerque, queria abrazarla. Pero no habia nadie.

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