domingo, 11 de octubre de 2020

La intrusa (notas)

 

La Intrusa.. Leer =)
Ella tuvo la culpa, señor Juez. Hasta entonces, hasta el día que llegó, nadie se quejó de mi conducta. Puedo decirlo con la frente bien alta. Yo era el primero en llegar a la oficina y el último en irme. Mi escritorio era el más limpio de todos. Jamás me olvidé de cubrir la máquina de calcular, por ejemplo, o de planchar con mis propias manos el papel carbónico. El año pasado, sin ir muy lejos, recibí una medalla del mismo gerente. En cuanto a ésa, me pareció sospechosa desde el primer momento. Vino con tantas ínfulas a la oficina. Además ¡qué exageración! recibirla con un discurso, como si fuera una princesa. Yo seguí trabajando como si nada pasara. Los otros se deshacían en elogios. Alguno deslumbrado, se atrevía a rozarla con la mano. ¿Cree usted que yo me inmuté por eso, Señor Juez? No. Tengo mis principios y no los voy a cambiar de un día para el otro. Pero hay cosas que colman la medida. La intrusa, poco a poco, me fue invadiendo. Comencé a perder el apetito. Mi mujer me compró un tónico, pero sin resultado. ¡Si hasta se me caía el pelo, señor, y soñaba con ella! Todo lo soporté, todo. Menos lo de ayer. "González - me dijo el Gerente - lamento decirle que la empresa ha decidido prescindir de sus servicios". Veinte años, Señor Juez, veinte años tirados a la basura. Supe que ella fue con la alcahuetería. Y yo, que nunca dije una mala palabra, la insulté. Sí, confieso que la insulté, señor Juez, y que le pegué con todas mis fuerzas. Fui yo quien le dio con el fierro. Le gritaba y estaba como loco. Ella tuvo la culpa. Arruinó mi carrera , la vida de un hombre honrado, señor. Me perdí por una extranjera, por una miserable computadora, por un pedazo de lata, como quien dice.

EL Hombre de los Dados (notas)

 

EL Hombre de los Dados

(...) ¿ Por qué los niños suelen parecernos tan espontáneos, alegres y circunpectos, mietras que los adultos nos mostramos especuladores, angustiados y dispersos? Tenía que ser por la maldita conciencia de poseer un "yo": por ese sentido de la autoconciencia que tanto reivindican los psicólogos. ¿No podría ser que el desarrollo de la autoconciencia fuera normal y natural, pero en modo alguno inevitable ni deseable? ¿Y si fuera algo así como un apéndice psicológico, como un inútil y anacrónico dolor en el costado? ¿O como los colmillos del mastodonte, una carga pesada, inútil y en último término autodestructiva? ¿Y si el sentido de la conciencia de ser alguien representara un error evolutivo, tan desastroso para el ulterior desarrollo de una criatura más compleja como lo era el caparazón para los caracoles y las tortugas? (...)Admitámoslo: los hombres deben tratar de eliminar el error y lograr para sí mismos y para sus hijos la liberación de la conciencia del propio yo. El hombre debe sentirse a gusto dejándose llevar de un papel a otro, de una jerarquía de valores a otra, de una vida a otra. El hombre debe liberarse de las ataduras, de las pautas y de las exigencias de coherencia, con el fin de ser libre para pensar, sentir y crear buscando caminos nuevos. Los hombres llevan demasiado tiempo admirando a Prometeo y a Marte: nuestro dios debe ser Proteo.¿Y por qué no es así de hecho? A la edad de tres o cuatro años, los niños aceptan con la misma facilidad ser buenos o malos, americanos o comunistas, estudiantes o de la pasma. Y sin embargo, a medida que la cultura va moldeándolos, cada niño acaba insistiendo en desempeñar un solo tipo de papel: tiene que ser siempre un buen chico, un mal chico o un rebelde. La capacidad para desempeñar y sentir ambos tipos de papeles se ha perdido. Entonces a comenzado ya a saber quién se espera que sea. El sentimiento de poseer un yo permanente: ah, cuánto desean tanto padres como psicólogos encerrar a los chicos en una jaula definible. Coherencia, pautas, algo a lo que poder ponerle una etiqueta: eso es lo que queremos de nuestro hijo. (...) Las pautas son prostitutas pagadas por los pares. Los adultos ponen las reglas y recompensan las pautas. Las pautas son eso. Y al final acaban en el arroyo (...)

martes, 12 de mayo de 2020

.Titeres. Jesse Ball "Toque de queda"

HE AQUÍ LO QUE HAREMOS
1. Decidirás si tu mundo tiene animales, o personas, o ambas cosas, y si los animales se comportan como personas o como animales, o como ambas cosas.
2. Decidirás si hay magia o no, y si hay magia, si todos saben que la hay, y si todos saben que la hay, si le cuentan a alguien o no.
3. Decidirás cuántos títeres morirán, y cómo, así haremos que ocurra en los momentos oportunos.
4. Decidirás si quieres que el espectáculo sea gracioso o no. El espectáculo de títeres siempre es triste, pero también puede tener partes graciosas.
5. Decidirás si el tema será: el matrimonio, la enfermedad, el encantamiento, la herencia o la venganza.
6. Inventarás el nombre del villano. Todos los demás nombres derivan del nombre del villano. La naturaleza del villano también deriva de su nombre. Lo único que no deriva del nombre del villano es la expresión de la cara del títere que será nuestro héroe o heroína. Eso es lo que pintaremos en último lugar, cuando sepamos todo. Es probable que sea una delgada sonrisa. Esa es mi especialidad, pero veremos.
7. El espectáculo tendrá tres actos. Desarrollaremos el espectáculo desde el principio, y cuando hayamos terminado de hablar, lo escribiremos desde el final. Créeme, es un buen método. 8. Pensaremos en algunas tácticas adicionales, como postergar el comienzo del espectáculo, para que podamos pintar los rasgos de algunos espectadores en personajes menores, como una grata sorpresa.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Fabula


ventana-pluma; "La lechuza volvió a su forma humana, solo quedó una pluma en la ventana"
caracol-bicicleta; "Finalmente no seria mas el animal mas lento de la tierra, con el dinero que junto, el caracol se compró una bicicleta"
alfiler-risco. "cansado de ser confundido con la aguja, el alfiler tomo la decisión de tirarse por el risco.

Silvia acomodó las camelias artificiales, tela y plástico, en un florero. Regalo del joven que minutos antes se presentó en la puerta esa mañana. Sirve las dos tazas de café, las acomoda en una bandeja y fue que, mientras observaba las flores, la sorprendió una mariquita subiendo por el tallo. Decidida en dejar al bicho libre, tomó suavemente el florero.
En cuanto lo levantó, una mariposa comenzó a revolotear. Silvia devuelve el jarrón en donde estaba. Mira las hermosas alas y luego a las ventanas de la cocina preguntándose si estaban todas cerradas.
Una vocecita la hizo mirar nuevamente a la mesa de roble.
¡Oh Dios! Otra flor sin comida - dijo la mariposa- a este paso moriré de hambre como mis hermanas.
También estoy cansada de volar, Mari. - Respondió el escarabajo.
Silvia no salía de su asombro. Estupefacta, intentaba no hacer ningún ruido.
Todo cada vez es más artificial -prosiguió la mariposa. - si esto sigue así, no quedara insecto y luego, ser vivo en esta falsa tierra.
No podemos hacer nada - le respondió la mariquita- No hay forma de obligar a las personas de comprar flores, ya lo dijo mi madre antes de fallecer.
Rodrigo abre la puerta trasera preguntándose por su café. Mientras acomoda el pasto sintético a un costado de la alfombra, los insectos salen volando al exterior.
Silvia no sale de su asombro, toma las llaves del auto y parte sin mediar palabra. Por algún lado recuerda que existía una florería, y se pregunta si estará abierta a esa hora del día mientras acelera.
La mariposa y la mariquita vuelven al laboratorio. Fue un éxito. Un par de casas más y la gente volvería a comprar flores.


Riada

Para Mildred su lugar favorito de la casa era la bañera. Le resultaba tan grande como la pileta pelopincho de sus primos, le gustaba pasar toda la tarde allí.
Esa mañana, después del desayuno y con el calor del principio del verano, Susana decidió que era momento de un corto baño antes de que llevarla al jardín de infantes. Sé había levantado temprano para trabajar con la computadora y no quería tener a su hija en la cama. Seguir la marcha escolar se hace difícil con el tema de los horarios, decía. Así que pensó dejarla un rato jugando mientras buscaba los papeles para presentar en el trabajo.
Mildred siempre se acostaba a un lado de la tina, imaginándose que era un enorme barco, como los demás juguetes que danzaban a su alrededor. Miraba el agua de la canilla descender, esas cataratas espumosas y fervientes de un bosque encantado, donde ávidos aventureros intentaron cruzar, pero caían cuesta abajo. 
Escucho las llaves, la puerta abrirse y cerrarse. No le importo. Del río salió una criatura roja, pequeña y dura. Lo sintió pasar por debajo de sus piernas. Un cangrejito había sucumbido de algún lado. Uno similar a los que vio en la playa, la vez que la llevo a pasear el padre.
Mildred lo miro detenidamente entre sus arrugadas manitos. Un nuevo compañero para jugar, pensó.  Puso el tapón en la bañera. Debo evitar que un maremoto se lo lleve, musitó.
"Mostrárselo a mamá no es bueno, se lo llevará como a los otros juguetes... que son para regalar a quienes menos tienen… pero vi que los tiró a la basura" dijo Mildred mientras buscaba donde acomodarlo al pequeño sin lastimarlo.
El vapor subía mientras el agua bajaba por los costados marmolados de la bañera. De repente escuchó el croar de una rana. Se giró lo más rápido que pudo. El agua saltó por todas partes y la alfombra tapó la única rejilla de la casa.
Otro amigo, pensó. Acaricio suavemente a la rana. Ahora no tendré que hacer amigos en el jardín como dicen, se alegró.
El agua ocupaba gran parte del suelo, y salía por debajo de la puerta cerrada del baño.  Con los animalitos escondidos, comenzó a llamar a Susana sin recibir respuesta. Mildred no se animaba a salir sola del agua. "A veces tarda mucho con los mandados, sacaré el tapón y esperaré jugando". El plástico redondo que tapaba el desagüe estaba atascado.
Mildred se dormía. Hacia fuerza para que no se cerraran sus ojitos. Imaginaba a sus feos compañeritos en el fondo de la pileta pelopincho de sus primos, a todos los juguetes que Susana había tirado, a su padre que vio por última vez en la playa. Intentó una vez más gritar por su mamá y solo alcanzó a ver el chispazo ultimo al corte de luz.