martes, 9 de mayo de 2023

Poema de amorosa raíz de Alí Chumacero

Antes que el viento fuera mar volcado,
que la noche se unciera su vestido de luto
y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo
la albura de sus cuerpos.

Antes que luz, que sombra y que montaña
miraran levantarse las almas de sus cúspides;
primero que algo fuera flotando bajo el aire;
tiempo antes que el principio.

Cuando aún no nacía la esperanza
ni vagaban los ángeles en su firme blancura;
cuando el agua no estaba ni en la ciencia de Dios;
antes, antes, muy antes.

Cuando aún no había flores en las sendas
porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo.

 

Ya no Idea Vilariño

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

lunes, 8 de mayo de 2023

otoño

Ventanas otoñales
Alli el sendero, aquí mí yo.
Entre las ramas de los árboles
Cuelga mí corazón.

tarea

Canción:
Hay mucho que ocurre
Sin ánimos de estar 
Porque se mueve 
Entre emociones

Hay amores que encadenan
Palabras de libertad
Para un mañana
Para lo que fue esperar

Y la noche se hace larga
Entre subidas
Se forma un adiós
En la imagen del perdón

Sube y sube
La melodía incondicional
Es el llanto que se pierde
De tanto en tanto

Si estuvieras aquí
No sería ese verbo
La palabra iluminar
El silencio donde pertenezco


Texto:
Se conocieron en un mar de aplausos. No sé quién de los dos encontró primero al niño que lloraba entre los castillos de arena. Solo vi como intentaban calmarlo una y otra vez para al fin preguntar su nombre. 
Él lo alzó y lo escoltó sobre sus hombros. Ella le tomaba la mano a la criatura y, de tanto en tanto, sacudía el rito de emergencia. La melodía que atraviesa a todos cuando se encuentra en una playa.
Creo que es la costumbre donde más se llora y sufre. Donde más preguntas se realiza uno y se repite en la mente de los demás. ¿Dónde están los padres? ¿Cuándo y como perdieron la vista a su hijito?
En algún momento el muchacho bajó al niño para llevarlo de la mano. El niño huyo y se adentró al mar.
Se lo llevó la corriente, dijeron algunos con las manos en la cabeza. Se ahogó por una ola, habrá gritado otro. Culparon a los dos jóvenes un tiempo y después se olvidaron.
Yo creo haberlo visto llegando capa a capa más lejos de la playa. Que su familia lo estaba esperando en lo hondo del mar. Que quizás su madre no era de la superficie como todos creíamos. Donde los aplausos no se escuchan, supo encontrar a su mamá.



 

viernes, 5 de mayo de 2023

El continente sumergido - Olga Orozco

Cabeza impar,
sólo a medias visible desde donde se mire
y a medias rescatada de un exilio sin fin en la cabeza de la bruma.
Es opaca por fuera,
impermeable al bautismo de la luz,
porosa como esponja a las destilaciones de la noche insoluble.
Pero por dentro brilla;
arde en un remolino de cristales errantes,
de chispas desprendidas de la fragua del sueño,
de vértigos azules que atestiguan que es la tumba del cielo.
Se supone que alguna vez fue parte desprendida de Dios,
en forma de tiniebla,
y que rodó hacia abajo, cercenada sin duda por la condenación de la serpiente.
  
Se ignoran los milenios y las metamorfosis,
las napas de estupor que debió atravesar hasta llegar aquí,
girando como sombra de topo entre raíces,
avanzando después como un planeta ciego
que se condensa en humo, en vapor, en eclipse.
Fue aspirada hacia arriba,
erigida en lo alto de un tronco a la deriva que apenas la retiene,
con dos cavernas sordas para escuchar la voz que rompe contra el muro,
con dos estrías vanas para ver desde un claustro la caída,
con un olor de bestia acorralada debajo de la piel,
con un sabor de pan sepultado entre ayunos,
y esta lengua insaciable
que devora el idioma de la muerte en grandes llamaradas.
Cabeza borrascosa,
cabeza indescifrable,
cabeza ensimismada:
se asemeja a un infierno circular
donde el perseguidor se convierte de pronto en perseguido,
siempre detrás de sí, o delante de mí,
que no sé desde dónde surjo a veces, aferrada a este cuello,
sin encontrar los nudos que me atan a esta extraña cabeza.