viernes, 26 de julio de 2019

Arte Toxico

No me queda muchas mas fuerzas para vivir. Me están envenenando de a poco. El agua del estanque no es cristalina. Tengo hambre. Me atraparon engañado. Si tan solo pudiera moverme. Incluso cerrar la boca, la mandíbula me arde. Mi corazón se agita..
No me llames arte, no merecía estar aquí. Si pase mi vida nadando por lo bajo. Subí en mi adultez a danzar en este vasto universo. Mi alimento me llevo hasta la otra orilla del infierno.
Mi vista no es la mejor, mi olfato no comprendió de ataduras y barcos. Me esforcé en salir de esa prisión solo para caer aquí. La toxina me paraliza mas. Dejo de flotar.

La imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo es una escultura del artista inglés Damien Hirst, hecha en 1991. Consiste en un tiburón tigre suspendido en un estanque transparente con solución de aldehído fórmico al 5%.

sábado, 20 de julio de 2019

La amistad es un cliché televisivo. Un asqueroso protagonismo de fantasias que se presencia desde la mas corta edad. Te exige ser como los héroes de tv con sus inseparables amistades grotescas. Toda una cadena de palabrerios que se reducen a nivel de importancia de ese otro ente social con las mismas o mas cercanas dificultades para mediar su existencia.

miércoles, 17 de julio de 2019

No fueron gratas las noticias. El viaje y el azar se parecían tanto esa noche..
Ebrios de amor cruzaron el sendero. Bajo su cabello rubio sonreían unos ojos color arena. Ella expresaba su amor como quien acaricia un pichón de primavera. Él en tanto mantenía su silencio. Pretendía mantener su promesa.
No estaban hechos el uno para el otro. De igual modo compartían el deseo de no ser lastimados de vuelta. Lo único que los unía era la hora, la ubicación y la caída al vacío.

miércoles, 10 de julio de 2019

Eclipse

Esa mañana Manuel pidió con todas sus fuerzas, mantener el trabajo. Había discutido con su jefe por la falta de dinero en su caja.  Ya hacía 7 años que trabajaba en el mismo lugar y este le parecía "manejable" en su habitual vida. Desayunar, trabajar, almorzar, trabajar, cenar y dormir era su agenda diaria. Solo tenía libre los domingos que se dedicaba exclusivamente a mirar televisión.
Se despertó como todas las mañanas con el ruido de su despertador. Tomó dos rodajas de pan de uno de los tantos empaques y se sirvió un café mientras se vestía. Un horrible uniforme gris lo esperaba en su cómoda: pantalones anchos que parecían de un pijama y una camisa anticuada. El logo del supermercado no era tan molesto como tener que llevar su apellido en letra mayúscula: BLANCO.
Si no fuera porque no sé dar bien el cambio, no tendría tantos problemas con mi jefe, pensó. Respiro hondo y puso su mejor sonrisa. Se abrió la puerta automática. Una larga fila de compradores aguardaba afuera. Se sentó en su puesto e intento hacer como si nada hubiera pasado. Ensimismado, le costó darse cuenta que no había ningún otro cajero del supermercado. A una hora de abrir al público no se encontraba más que el hombre de seguridad y él.
Revisó su celular, pensó en si vio algo raro en el camino al trabajo. Si no era fin de semana, si era feriado. ¿Habría sido alguna broma? Se dirigió al sector de electrodomésticos y prendió los televisores.
La conductora del programa de noticias lucia 30 años más joven. Se acomodaba el reluciente cabello cuando soltó una carcajada. Sé escucharon varias risas en respuesta dentro del estudio.
-Los científicos están estudiando los sucesos. El eclipse solar ocasiono algo extraordinario. Pero va más allá de la ciencia. Sonrió. El aeropuerto está colapsado. Los centros comerciales están abarrotados. Solo se ven autos de lujos en las calles. Televidentes. No se preocupen. Solo los deseos más profundos, más positivos y más felices se cumplieron esta mañana. Espectador, si se despertó con una idea esta mañana, si pidió de corazón, solo espere. Hoy se hará realidad.
Manuel no daba crédito a lo que pasaba. Sus pies se movían solos. Su cuerpo se dirigió a la silla. Prendió la caja y se sentó. Lloraba inmóvil. Su deseo también se había hecho realidad.


*dueños: mas clientela.
* siempre tuve la conviccion que nos mataria a todos si pudiera

jueves, 4 de julio de 2019

Subte A

Nunca había tenido miedo a la oscuridad hasta esa mañana de otoño. Lucia tenía por ese entonces 7 años. Viajaba junto a su madre en el subte línea A que las dejaría en el Microcentro. Estaba lleno el andén, pero al subir, pudieron sentarse. A Lucia le gustaba mucho viajar así. Podía hablar con las personas de alrededor sin que se enojara tanto la madre, distinto a lo que ocurría cuando viajaban en colectivo y la madre la obligaba a mantenerse callada.
Cuando llegaron a la estación más próxima a destino hubo un leve movimiento extraño. La carrocería estaba construida en madera y era frecuente algún que otro ruido. Se detuvo unos minutos y luego arrancó de nuevo el vehículo.
A mitad de tramo se escuchó claro y fuerte un segundo ruido. Se detuvo nuevamente, pero esta vez se apagaron las luces. Todo quedo en oscuras. Un silencio emergió en el público. Salió el conductor de la cabina y con un megáfono intento calmar a las personas.
- Abriré las puertas. Intentaré alumbrar el camino. Despacio por favor. Tendremos que caminar hasta el andén, no pisen las vías ni se separen.
Saco una linterna y descendió primero. Lucia le tomo fuerte la mano a su madre y salieron a la oscuridad del túnel. Había tanta gente que, al caminar a ciegas, empujaban y pisaban a la niña. No se veía nada más que la luz a lo lejos que indicaba el camino. Afligida, caminaba intentando no detenerse a llorar. Hasta que en uno de los empujones pierde la mano de su madre y no sabe qué hacer. Empezó a gritar por su mamá, pero era inútil. Corrió entre las personas, siendo tan chiquita no le costó tomar ventaja y termino en la primera fila junto al conductor.
El señor la vio y le dio la mano. La recordó de cuando se estiro para avisar que cerraría las puertas cuando el vehículo estaba aún en funcionamiento. Cuando todo parecía un día normal de trabajo.
Alumbró a Lucia y le confió que en cuanto llegaran a destino, encontraría a la madre.
- ¿Sabes? Tengo una hija de tu edad. ¿Vas al jardín? Ante el bullicio intentaba dialogar.
Lucia era fuerte, se contuvo de llorar. Comenzó a contarle de su familia al conductor. Miraba el horizonte en busca de la luz que significaría el final del recorrido.
Se empaño los ojos para acostumbrarse a la iluminación. Ahora quedaba esperar por su madre. Le dieron golosinas y le aplaudieron la valentía. Se sentó en el banco y aguardó. La última persona en subir fue la madre. Estaba llorando. Angustiada de no ver a su hija.  Pensando que se podría haber caído y accidentado fuertemente. La vio y corrió a abrazarla. A partir de entonces no la llevo más en subte, temiendo encontrarse nuevamente con esa penumbrosa situación.